Y ahora... (Escrito por alek666)
Y ahora… Quien pidiera llorar al recordar… Cuado el alma esta como tierra agrietada y los ojos vacíos, sin ti…sólo con el polvo...
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VIENTOS DE TRAICION

Autor/a: manuel_1960
Estadísticas Resumen
Fecha de publicación: 11/10/2010
Leído: 3989 veces
Comentarios (3)
Valoracion de la obra: 8,78

Drama rural de la España de mediados del siglo XX. Fenomeno social de aquellos años en que los mas desprotegidos luchan en un mundo dominado por los poderosos que encierra una historia de amor y venganza forjada en un camino de lucha, pasión, sufrimiento e incompresion. Al final, el amor triunfa por encima de todas las cosas.
PRIMER ACTO La acción transcurre en la España de los años cuarenta del pasado siglo XX. El primer acto se desarrolla en una calle de cualquier pueblo de Castilla. A la izquierda aparece la fachada de la taberna de Nazario de la que cuelga un viejo cartel “TABERNA”. En escena aparecen Lucía, la hija del tabernero y su amiga Paula. Visten con ropa de la época, sencilla y limpia. Paula con un cántaro de barro se dirigía a la fuente mientras se para a charlar con Lucía que con un balde de ropa ya seca se disponía a entrar en casa. ESCENA 1.1 LUCIA.- ¡Hola Paula! ¡Cuántos días sin llevaba sin verte! Precisamente hoy iba a ir a tu casa. Tengo algo para ti. PAULA.- ¿Sí? Pues aprovecha y me lo das ahora. (Pausa) Este verano ha sido horrible. Con la enfermedad de mi madre apenas he tenido un momento de respiro. Ahora me doy cuenta del trabajo de la pobre mujer para llevar las duras tareas del hogar... LUCIA.- ¡Qué me vas a decir a mí! Desde que murió mi madre hace 5 años me tengo que encargar de todo lo de casa y además ayudo en la taberna a mi padre todo lo que puedo. PAULA.- Pero gracias a Dios ya está repuesta, las malditas fiebres la han dejado muy débil. Ahora solo necesita un poco más de descanso. LUCIA.- Me alegro mucho (Pausa). ¿Has vuelto a ver a Mariano el de la huerta? Últimamente se le ve muy decaído. Está raro. ¿No le habrás dado plantón? PAULA.- Por todo lo que hemos pasado con mi madre mi humor no estaba para bromas y hemos tenido alguna pelea. LUCIA.- ¿Pero tú... le quieres, no? PAULA - Pues... Sí. Pero Mariano es muy impaciente y no atiende a razones. No comprende que me haya tenido que dedicar a la casa y a atender a mi padre mientras mi madre se reponía. Él, a costa de todo, quiere casarse cuanto antes, pero ya le he dicho que debemos esperar a que en mi familia se arreglen las cosas. Se pone furioso y yo no me quedo para atrás. ¡Ya me conoces! Pero también sufro porque no quiero perderlo. LUCIA.- Pues me ha dejado esta nota para ti. PAULA.- (Lee) LUCIA.- ¡Vamos! ¿Qué te dice? PAULA.- Cuza. ¿No la has leído tú ya? LUCIA.- Te juro que no PAULA.- Me espera el domingo en la plaza, a las cinco. LUCIA.- ¿Y qué más...? PAULA.- ¿Y a ti que te importa? Poco me cuentas lo tuyo con el del arrabal. LUCIA.- ¡Bah! El muchacho ronda, ronda... pero a mi padre no le hace nada de gracia. Nada más que lo ve, noto en su cara una mueca de desprecio que me hace sufrir. PAULA.- ¿Porque a ti te gusta? LUCIA.- Bueno... No está mal. PAULA.- ¡No está mal... No está mal! Te conozco lo suficiente y me parece que lo tuyo con ese muchacho va en serio. ¿Tu padre sabe algo de lo vuestro? LUCIA.- Mi padre está obsesionado con Joaquín, el hijo de D. Severo. Me dice que éste es quien me conviene. Yo me hago la tonta. No quiero disgustarlo; sufre tanto desde que falta mi madre... PAULA.- Sí. Pero es tu vida, Lucía. Aunque... te entiendo. No obstante, procura decidir por ti; no debes renunciar a tu felicidad solo por no disgustar a tu padre. LUCIA.- Te haré caso. ¿Así que a las cinco en la plaza? Vais a ser el murmullo de las comadres. ¡Qué envidia me das! PAULA.- Bueno, me parece que yo ya sobro, por ahí viene alguien y no quiero dejarte sin mozo... (Vase) LUCIA.- Será sinvergüenza... Largo de aquí, fanfarrona ESCENA 2.1 (Por la derecha viene Miguel, un apuesto joven. Su aspecto es humilde y noble) MIGUEL.- ¡Hola, Lucía! LUCIA.- ¡Qué tal, Miguel! MIGUEL.- ¡Un trago de agua! Hace un calor insoportable (Lucía saca un botijo de dentro de la casa) LUCIA.- Ya te veo. Vienes todo sofocado. MIGUEL.- Pero no es este Sol lo que me está abrasando. Es el verte lo que me produce un fuego que ni el agua puede aplacar. ¿Por qué nuestro amor ha de ser furtivo? ¿Por qué tenemos que pagar el tributo de la incomprensión? Trabajo como un condenado. Soy el único sustento de mis dos hermanas y mi madre enferma. Pago religiosamente las rentas a D. Severo... ¿Qué más me pide la vida? ¿Que renuncie a tu amor? Nada se pondrá por delante entre nosotros mientras en tus ojos brille un rayo de esperanza. LUCIA.- Lo sé Miguel. Pero dame tiempo. Es todo tan difícil. MIGUEL.- ¿Porque soy pobre? ¡Mira mis manos! Mientras puedan coger una azada nunca nos faltará de nada que llevar a la boca. Lucharé con todas mis fuerzas para formar una familia y para darles a nuestros hijos lo que a mí me faltó; pero necesito tu luz… Necesito que la luz de tus ojos alumbre nuestro camino. LUCIA.- Miguel, ya conoces a mi padre... ¡Ha sufrido tanto desde lo mi madre...! MIGUEL.- Es entonces él quien mejor debe entender lo que supone tener que renunciar a la persona que más quieres. LUCIA.- Yo te prometo que lucharé con todas mis fuerzas. Pero te pido un poco de paciencia y te juro que esa luz que necesitas la tendrás; como el faro el marinero, tanto más intensa cuanto más oscura sea la noche. MIGUEL.- Y yo te juro que esperaré por ti y que voy a desafiar al destino con las fuerzas que me da tu amor. LUCIA.- Miguel, he de irme, mi padre me espera. MIGUEL.- ¿Cuándo nos veremos otra vez? El poco tiempo libre que le robo a la tierra he de dedicarlo a mi madre. La pobre está tan enferma... El tirano de D. Severo no aplaza un arriendo que nos permitiera visitar al médico de la ciudad... LUCIA.- Yo tengo unos ahorros, si fuera preciso... El vestido del día del Carmen podría esperar... MIGUEL.- Gracias, Lucía. Sería una bendición del cielo. Hablaremos de ello en su momento, no quiero que tengas más problemas con tu padre por esto. NAZARIO.- ¡Lucía! ¡Lucía! LUCIA.- Ya voy, padre. MIGUEL.- No olvides todo lo que te he dicho, Lucía LUCIA.- No lo olvidaré. ¡Te quiero! (Entra en la taberna) MIGUEL.- ¡Te quiero! ESCENA 3.1 (Aparece Joaquín, el hijo de D. Severo que poco a poco se va acercando. Joven altivo y con aires de grandeza) JOAQUIN.- ¡Hola Miguel! Mucho rondas últimamente la taberna. Que yo sepa tú no bebes... MIGUEL.- Pago a tu padre religiosamente el arriendo de las tierras. No creo que lo que haga con mi vida te importe… JOAQUIN.- ¡No te pongas así hombre! Era una broma. De todas formas, picas alto. No le bebas al tabernero su mejor vino... Sabes que tiene muy malas pulgas. MIGUEL.- Vete al cuerno... (Se va por donde ha venido) JOAQUIN.- Y tú al arrabal. No debes perder tanto tiempo en balde. La cosecha está muy adelantada... ¡Señor Nazario! ¡Señor Nazario! ESCENA 4.1 (De la taberna sale un hombre de aspecto bonachón pero con su pronto. Sabe a quien le tiene que bailar el agua) NAZARIO.- ¿Qué haces por aquí Joaquín? Llevaba mucho tiempo sin verte. ¡Como siempre viene algún criado...! ¿Qué tal D. Severo? No sé cuanto hace también que no lo veo. Salúdalo de mi parte. ¿Si supieras cuánto tengo que agradecerle...! Pero, pasa... ¿Qué se te ofrece? JOAQUIN.- No se preocupe señor Nazario hace tan buena mañana que da gusto estar en la calle. Vengo a hacerle el pedido. Tome nota. (Nazario saca un lápiz y apunta) 1 saco de azúcar, bacalao, 3 sacos de fideos, 4 latas de escabeche, 2 cántaros de vino, café y 1 saco de arroz. No creo que se me olvide nada. NAZARIO.- De acuerdo. Esta tarde lo tienes en casa. Tu padre es mi mejor cliente. Veo que todo va bien, la compra de esta semana es muy abundante. JOAQUIN.- Buena cosecha señor Nazario. Además, como Indalecio no ha podido pagar la deuda que tenía con mi padre le hemos embargado sus tierras. Eran más de 10 cargas, así que otros 5 segadores más a comer. NAZARIO.- Indalecio siempre fue buen pagador. ¿Qué le habrá pasado? JOAQUIN.- Uno de sus hijos se cayó de una encina. Resultó muy herido y con una pierna rota que le ha impedido trabajar. Además se han debido gastar una fortuna en la farmacia de D. Fabriciano. Total, que entre unas cosas y otras, con éste ya son dos años sin pagar el préstamo; ni los intereses siquiera… NAZARIO.- ¡Pobre familia! Es una pena. JOAQUIN.- Si, pero mi padre no tiene la culpa de la desdicha del muchacho y tampoco está la vida como para ir compadeciéndose de las desgracias ajenas... Si tenemos un buen capital es porque lo hemos sabido administrar. NAZARIO.- Tienes razón. Malas cabezas. ¡Bah! Bueno, puedes venir cuando quieras. Sabes que en esta casa te apreciamos mucho... JOAQUIN.- Lo sé, señor Nazario. ESCENA 5.1 (Por el lado contrario aparece en escena el típico cura de la época, con sotana, por supuesto) CURA.- ¡Buenos días nos dé Dios! NAZARIO Y JOAQUIN.- ¡Buenos días, señor cura! CURA.- ¿Qué, preparando la boda del mozo con Lucía? NAZARIO.- No sería mal partido señor cura. Buen muchacho este Joaquín. Con un canto en los dientes me daría yo si lo que Vd. dice de broma algún día sucediera de verdad. CURA.- ¡Y tendrían mi bendición! D. Severo es un hombre honrado, justo y temeroso de Dios. Ni un domingo he visto faltar a misa a toda su familia. Y de ti, Nazario, qué voy a decir... Lucía es una moza decente y muy de su casa que se ha sacrificado y renunciado a su juventud desde que faltó su madre. NAZARIO.- Gracias señor cura. CURA.- Hace una mañana excelente. Voy a continuar el paseo. Recuerdos a D. Severo, Joaquín. (Vase) JOAQUIN.- De su parte D. Tristán. NAZARIO.- Vaya Vd. con Dios. ESCENA 6.1 NAZARIO.- Lucía está dentro, ¿quieres pasar? Seguro que se alegra de verte. JOAQUIN.- Me gustaría, pero mañana celebramos la fiesta de quintos y he de hacer hoy unos encargos sin falta. En otro momento, con más tiempo, me paso por aquí. ESCENA 7.1 (Sale a escena D. Severo. Su nombre lo dice todo. Viste con elegancia. Cara de pocos amigos y muy serio) D.SEVERO.- Joaquín. ¿Has hecho el pedido de la semana al tabernero? JOAQUIN.- (Con mucho respeto) Sí, padre. Precisamente ya me marchaba (Vase) ESCENA 8.1 D.SEVERO.- Pues arreando, que hay mucho que hacer en casa. NAZARIO.- Hacía mucho tiempo que no lo veía por aquí, D. Severo. Le estaba mandando recuerdos por su hijo. Tiene Vd. un hombretón ya. Aún recuerdo los ratos que pasaba en casa cuando vivía mi mujer. Con apenas 10 años, ella siempre decía: “este muchacho algún día será de Lucía”. Se les veía tan unidos... D.SEVERO.- Pero según tengo oído, tu hija ya no piensa lo mismo. Además, hace ya mucho tiempo que no se la ve por casa, a la que iba tan a menudo... NAZARIO.- Desde lo de mi mujer, la pobre ha perdido la ilusión y además el trabajo de la casa y la taberna apenas le deja tiempo. (Pausa) Parece que va aumentando su labor. Joaquín ya me habló de lo del Indalecio. D.SEVERO.- Pero no te equivoques, Nazario. Trabajo me ha costado tener lo que tengo, para que ahora venga alguien que se empeña en no pagar las deudas a su tiempo. Ya sé que ha tenido una desgracia, pero poco ha pensado en lo que le presté en su día, que de buen apuro lo libré. Además hay que dar un escarmiento. Así los demás ya saben a lo que se atienen conmigo si no cumplen. Sin embargo, todavía queda gente honrada, tú pagas religiosamente. Claro que de menudo aprieto te saqué. Si no es por aquellas 6.000 pesetas que te presté ahora no tendrías esta taberna... NAZARIO- Ya lo sé D. Severo. Aunque mi trabajo me ha costado para poder pagarle todos los meses la parte. Pero le estoy muy agradecido a pesar de que buenos intereses me cobra. D.SEVERO.- Algo menos, si tenemos en cuenta el agua que lleva el vino últimamente. NAZARIO.- Le juro D. Severo que yo soy un tabernero honrado. D.SEVERO.- Venía para decirte que en casa necesitamos una muchacha que se encargue de ayudar a mi mujer. Es tanto el trabajo, que nos vendría muy bien. He pensado en Lucía; además, Joaquín está interesado en que sea ella y si acepta, podemos hablar de la deuda pendiente. Con un año trabajando para nosotros nos olvidamos de las 2.000 pesetas que te restan por devolver... NAZARIO.- No sé D. Severo. En la taberna me hace mucha falta. D.SEVERO.- Podría ir a mi casa después de hacer sus cosas aquí y al anochecer ya estaría de regreso. NAZARIO.- He de hablar con ella... D.SEVERO.- ¿Cómo que hablar con ella? Es que no recuerdas lo que he hecho por ti para que me vengas con esas. No hay nada que hablar, mañana mismo la quiero en casa a primera hora si no quieres pagar las consecuencias... El pedido que te ha hecho Joaquín es para hoy... NAZARIO.- No se preocupe D. Severo. Se hará lo que Vd. mande. D.SEVERO.- Eso espero. Con Dios. OSCURO ESCENA 1.2 (Mismo decorado que el acto anterior) LUCIA.- Y es por lo que no me queda más remedio que ir a trabajar a casa de D. Severo. Él fue quien se hizo cargo de nuestras deudas y aunque nos lo ha cobrado con creces, mi padre piensa que le debemos la vida y que somos esclavos de su voluntad. MIGUEL.- Pero Lucía, tú tendrás algo que decir. Sabes de sobra que si trabajas para ese hijo de puta te perderé para siempre. Todos nuestros sueños se desvanecerán. Y qué va a ser de la familia que pensábamos formar. Y qué voy a hacer yo, si vivo solo por ti, si tu recuerdo es el aire que respiro y tu presencia el alimento de mi alma. Si cedes ahora, acabarán casándote con Joaquín que es lo que pretenden. LUCIA.- Lo sé cariño, pero tengo tanto miedo de lo que le pueda ocurrir a mi padre si me niego a ir a casa de D. Severo... Ya sabes como se las gasta el usurero. No quisiera que acabáramos como el Indalecio. MIGUEL.- Pero tenemos que luchar, Lucía. Esa gentuza no va a salirse siempre con la suya. Nuestro amor no debe flaquear, solo así podremos vencer a la desdicha de ser prisioneros de su tiranía. Porque ellos también son esclavos de su avaricia y de sus miserias. LUCIA- Tienes razón, pero no es tan fácil. Nosotros dependemos de D. Severo. Todavía le debemos dinero. Es nuestro mejor cliente de la taberna, mi padre cree estar en eterna deuda con él. Su esposa se preocupaba mucho de mí cuando yo era pequeña. Mi padre sufriría tanto si no acepto lo que nos piden… Además, tengo miedo. Ese cacique es capaz de cualquier cosa... MIGUEL.- Pero es que no te das cuenta de que lo que desean es casarte con Joaquín. Lo de ir a trabajar a su casa no es más que una excusa para unirte a él. LUCIA.- Claro que me doy cuenta. Ya te he dicho muchas veces que Joaquín y yo de pequeños estábamos muy unidos. Siempre nos decían en broma que cuando fuéramos mayores seríamos marido y mujer. Ahora han visto que nuestra relación es distante y fría y encima has aparecido tú... Quieren a la fuerza volvernos a unir y como D. Severo acostumbra a jugar con el destino de la gente con amenazas y chantajes es por lo que no sé qué decirte Miguel… MIGUEL.- Yo diré lo que tienes que decirme, Lucía. Lo primero, que me quieres con todas tus fuerzas y lo segundo que jamás cederás a las presiones de esa maldita familia. LUCIA.- De lo primero puedes estar seguro. De lo segundo, tú no conoces a D. Severo. Es muy difícil librarse de sus mandatos. MIGUEL.- También va a ser muy difícil librarte de mí. No renunciaré a tu amor por nada del mundo aunque tenga que vérmelas con ese mal nacido de Joaquín y con toda su familia, incluido su padre, ese al que tanto temen en el pueblo. LUCIA.- Tú estás loco, Miguel. MIGUEL.- Sí. Pero es por ti, Lucía. Huyamos los dos juntos. Huyamos hasta una nueva vida. Allí nos espera la felicidad, seremos nosotros y nadie más quienes seremos los dueños de nuestro futuro. Huyamos... LUCIA.- Y nuestras familias. ¿No piensas en eso Miguel? ¿Qué sería de mi padre y de tu madre y tus hermanas? ¿Podríamos vivir con la conciencia tranquila después de haberlos abandonado? MIGUEL.- (Resignado). Tienes razón. Hemos de buscar alguna salida NAZARIO.- ¡Lucía!. ¡Lucía! LUCIA.- Voy, padre. Nos vemos mañana, al atardecer... MIGUEL.- Mañana no puedo. Es la fiesta de quintos, que ninguna gracia me hace, pero hay que cumplir con la tradición. Cenamos todos los mozos juntos, también Joaquín... LUCIA.- Ten cuidado... MIGUEL.- Pero podríamos vernos esta noche. LUCIA.- ¡Imposible!. Sabes que mi padre no me deja salir sola tan tarde. MIGUEL.- Sola no, pero si te viene a buscar Paula con la excusa de acompañarla a casa de Consuelo la modista a probarse el vestido para la fiesta del Carmen tu padre no pondrá reparos. LUCIA- (Con un cierto aire de picardía) ¿Tú qué sabes? Además, yo no voy a ver a Paula para poderle decirle lo de la patraña de la modista. MIGUEL.- De eso me encargo yo. A las nueve pasará por aquí Paula y tendremos un par de horas para nosotros. Sobre las once estarás de vuelta y tu padre no podrá sospechar que hemos estado juntos. Has ido con tu amiga a la modista... NAZARIO.- ¡Lucía! Cuantas veces tengo que llamarte. LUCIA.- ¡Ya voy, padre!. Eres un liante. Bueno, espero que todo salga bien, sino ya sabes que me la cargo. MIGUEL.- Déjalo de mi cuenta y confía en mí. ¡Adiós mi amor! LUCIA.- ¡Adiós mi vida! ESCENA 2.2 (Sale Nazario que ve a lo lejos a Miguel en su marcha) NAZARIO.- ¿Qué pasa con ese chaval que últimamente lo veo rondar mucho por aquí? LUCIA.- Solo nos llevamos bien NAZARIO.- (Muy serio) No me vengas con cuentos Lucía... No quiero que aparezca más por aquí. Mañana irás a casa de D. Severo y no te quedará mucho tiempo para malgastarlo con ese muerto de hambre. LUCIA.- Padre. ¿Por qué habla así de Miguel si usted apenas le conoce?. Es un buen muchacho y muy trabajador. NAZARIO.- Cállate y escucha: Ese mozo solo nos traerá problemas. Sabes que D. Severo te quiere para su hijo Joaquín y éste también me ha dejado caer algo... Sería un buen esposo y en su casa no te faltaría de nada. Has de saber que le debemos a esa familia tantos favores... Serías una señora, ¿o es que no ves como vive la esposa de D. Severo...? LUCIA.- Padre. Pero yo no quiero a Joaquín. NAZARIO.- ¿Qué has dicho? ¿Acaso eso importa ahora?. Ya lo querrás en cuanto te dé todas las cosas que ningún mozo del pueblo podrá darte. Tú eres muy joven y no sabes nada de la vida. ¡Te prohibo verte con el del arrabal nunca más, me oyes, nunca más!. LUCIA.- ¡Padre! NAZARIO.- ¡Nunca más!. Y ahora vamos que hay mucho que hacer. (vanse) FIN DEL PRIMER ACTO SEGUNDO ACTO ESCENA 2.3 (El decorado se traslada a una espléndida noche de julio en el campo. Aparecen en la escena tres quintos, Joaquín y Miguel. Todos sentados en el suelo. Han terminado de cenar y varias jarras de vino se las van pasando de boca en boca. El vino ha hecho efecto ya en todos ellos) Q1.- ¡Vivan los quintos! TODOS.- ¡Vivan! Q2.- Vaya cena, pero lo mejor de todo está siendo el vino, casi tan bueno como la hija del tabernero... ja ja ja ja Q3.- Pues entre el vino y la tabernera yo me quedo con la tabernera y para vosotros os dejo a su padre y a los pellejos... ja ja ja Q1.- Pellejo será tu abuela. Yo también os regalo al padre y me quedo con la moza. Con el permiso de Joaquín, que según los comentarios es quien se la quiere llevar al huerto. Así que Miguel, vete cambiando de burra que las mozas van por las perras y tú con la familia de D. Severo no te querrás acomparar. MIGUEL.- Te meto una hostia que te mato. A mí me toca los cojones D. Severo y el Susum Cordam. JOAQUIN.- Tú no te metas con mi padre que más de una vez te ha quitado el hambre. MIGUEL.- ¡Serás cabrón! Me ha quitado el hambre... Haciéndome trabajar de sol a sol por 2 jodidas pesetas. Cacique y usurero. Así habéis hecho el capital y ¿qué pasa, que queréis comprar a Lucía como compráis una pareja de mulas?. JOAQUIN.- A ti lo que te jode es que Lucía no te quiere y que se va a venir a mi casa. Y no sigas hablando de mi familia porque te vas arrepentir. Olvida la chavala y púdrete... MIGUEL.- Pudriros vosotros en la avaricia. Que todos vuestros dineros os sirvan para medicinas. JOAQUIN.- Lucía no será tuya. Tu madre está muy enferma. No me extraña; con los dos putones que tienes por hermanas, bastante ha aguantado la pobre. MIGUEL.- ¡Hijo de puta!. Qué tienes que hablar de mis hermanas. Eres un cabrón y lo vas a pagar. Tú y tu familia lo vais a pagar. Juro que os mataré... OSCURO (Mismo decorado que la escena anterior. Está amaneciendo, pasada la noche de quintos. Miguel, está tumbado en el suelo con muy mal aspecto. Desaliñado y con signos de haberse peleado) ESCENA 2.4 LUCIA.- ¡Miguel! ¿Qué ha pasado? ¿Quién te ha puesto así? MIGUEL.- La cena de quintos, Lucía. Bebimos... Joaquín y yo discutimos y llegamos a las manos... LUCIA.- ¿Estás bien? Tienes mal aspecto. Y en tus ojos adivino un odio infinito. ¿Qué ha pasado, Miguel? MIGUEL.- Se ha metido con mi familia y me ha dicho que me olvide de ti Yo le he amenazado. Habíamos bebido... y borracho es cuando se dicen las verdades Lucía. No puedo soportar la idea de perderte... LUCIA.- No me perderás. Ten fe en mí. Seré fuerte y aguantaré en casa de D. Severo hasta que pueda reunirme contigo y casarnos. He hablado con mi padre, él no entraba en razón pero le he hecho ver el amor que siento por ti y al final me ha dicho que haga lo que me dicte el corazón y que por favor a él no lo comprometa que le debe mucho a D. Severo. ¿Y sabes lo que me dicta el corazón? Quererte siempre y pasar mi vida junto a ti. MIGUEL.- ¡Qué feliz me haces Lucía!. Me alivia el escuchar tus palabras. Desaparecen mis dolores. Me das fuerzas para seguir luchando ¡Te quiero tanto...!. LUCIA.- Debo irme a casa de D. Severo. Se hace la hora. Ten paciencia, solo serán unas semanas. Después no habrá fuerza que pueda separarnos. MIGUEL.- Yo me iré a casa. Pasaré por la fuente para adecentarme. No quiero que mi madre me vea en este estado. Tanto ella como mis hermanas deben estar preocupadas. Las noches de quintos son largas pero también traen averías... (A lo lejos suena algo parecido a un disparo) ¿Qué ha sido eso? Parecía como un disparo. Y no es tiempo de caza. Algo ha tenido que ocurrir. LUCIA.- No te alarmes. A lo mejor es algún furtivo. Me he enterado que algunas gentes, amigos de D. Severo, de cuando en cuando preparan alguna batida. MIGUEL.- ¡Escucha!. Se oyen voces... Creo que es mejor que nos vayamos. Estoy preocupado si habrá pasado algo en casa. LUCIA.- Esta tarde al anochecer de regreso nos vemos aquí. Adiós, mi amor. MIGUEL.- Adiós, Lucía. ¡Te quiero! FIN DEL SEGUNDO ACTO TERCER ACTO (La acción transcurre en este acto en un señorial despacho en el que se disponen una mesa con su sillón y dos sillas. Cuadros. Biblioteca. Todo ello muy noble y rancio). (Aparecen en escena el Juez, uno de los quintos de la noche anterior y el Cura que “aparentemente” permanece al margen de la conversación) ESCENA 1.3 JUEZ.- Entonces usted asegura que la noche anterior a la mañana de autos Miguel Cervera amenazó a Joaquín Beltrán, hijo del fallecido D. Severo Beltrán, con matar a la familia de éste. Q1.- Sí, señoría. Miguel le dijo a Joaquín “juro que os mataré”. JUEZ.- Puede decirme el testigo si en esos momentos ambos estaban ebrios. Q1.- Perdone Sr. Juez no le entiendo. JUEZ.- Quiero decir que si tanto Joaquín Beltrán como Miguel Cervera estaban efectivamente borrachos. Q1.- ¡Ah! Habíamos bebido mucho Sr. Juez. Era la noche de quintos y todos dijimos alguna cosa más de la cuenta. JUEZ.- ¡Bien! Puede retirarse. Indíquele al siguiente testigo que pase. (Vase el Quinto 1 y al instante y por la misma puerta aparece en escena el Quinto 2) ESCENA 2.3 JUEZ.- ¿Puede decirme su nombre? Q2.- Sí, señor Juez. Me llamo Zacarías Pereda JUEZ.- Bien, señor Pereda ¿Sabía Vd. qué tal eran las relaciones entre el acusado Miguel Cervera y la familia de D. Severo Beltrán? Q2.- Mire Sr. Juez, entre ellos había disputas. Por la Lucía, ¿sabe? La hija del tabernero. Cosas de faldas. Y con D. Severo no se llevaba bien, Miguel es un rebelde y nunca se conformó con los jornales que le pagaba. No se tenían mucha estima. JUEZ.- ¿Discutieron la noche de autos? Q2.- (Con sorpresa) La noche de... JUEZ.- (Aclarando) La noche de la fiesta de quintos Q2.- ¡Huy, sí Sr. Juez y llegaron a las manos! Se dijeron de todo y Miguel amenazó a Joaquín y a su familia. JUEZ.- Bien, puede retirarse. (Vase) (Tras unos instantes de pausa en las que el Juez muy pensativo parece tomar notas aparece en escena Lucía. Muy asustada) ESCENA 3.3 JUEZ.- La he hecho llamar, Lucía para que me aclare unos aspectos relacionados con el crimen de D. Severo. Tengo entendido que Vd. trabajaba en esa casa y conocía bien a esa familia. Voy a hacerle unas preguntas. LUCIA.- Ud. me dirá Sr. Juez. JUEZ.- Existen fundadas sospechas contra Miguel Cervera como autor de la muerte de D. Severo Beltrán ya que por lo visto amenazó a su hijo Joaquín y a toda su familia pocas horas antes de ocurrir el crimen. ¿Le constan a Vd. las malas relaciones entre los dos jóvenes? LUCIA.- No se caían bien Sr. Juez. Pero yo sé que Miguel es incapaz de cometer un acto así. Además, la mañana del crimen, Miguel estaba conmigo ya que de camino a casa de D. Severo me lo encontré tirado en el suelo con muy mal aspecto. Me estuvo contando que en la noche de quintos había discutido y llegado a las manos con Joaquín. Ambos estaban borrachos y se dijeron de todo. En esto oímos un disparo, él se alarmó, pensando en su familia yo traté de tranquilizarlo diciéndole que serían cazadores, pero al poco, las voces que se escuchaban hacían presagiar que algo malo había ocurrido. Él, muy preocupado se fue raudo a su casa y yo continué camino a casa de D. Severo donde me encontré con el espantoso suceso. JUEZ.- Está Vd. segura de lo que acaba de decir Lucía. Recuerde que el falso testimonio es un delito castigado por la ley. LUCIA.- Estoy segura Sr. Juez. Le he contado toda la verdad. Él no ha sido. Se lo juro. Le repito. Estaba conmigo. Cuando sonó el disparo estabamos juntos. Después él se fue a su casa y yo a casa de D. Severo tal y como le he contado. (Pausa) ¿No le pasará nada a Miguel? JUEZ.-. Bien. Si necesito alguna cosa más ya le llamaré. Ahora puede retirarse. LUCIA.- ¡Dios mío! ¿Serán capaces de acusarle del crimen?. (Vase) (Momentos de pausa, el Juez sigue tomando notas y entra en acción el cura que hasta ahora ha permanecido en escena pero sin intervenir) ESCENA 4.3 CURA.- ¡Una gran tragedia la muerte de D. Severo! Un hombre temeroso de Dios, un buen cristiano, padre y esposo. ¡Morir en esas circunstancias! ¡A manos de un desalmado!. Los médicos no pudieron hacer nada; fue tan certero el disparo que no cabe duda de las intenciones del asesino. Pobre viuda y sus hijos ¡qué dolor tan grande! JUEZ.- (Como meditando en voz alta) Los testigos aseguran que Miguel y Joaquín se habían peleado la noche anterior a los autos. Sin embargo, Lucía ha confesado que en el momento del crimen, cuando sonó el disparo, se encontraban juntos…. (Llaman a la puerta y aparece Nazario el tabernero) ESCENA 5.3 NAZARIO.- ¿Me ha hecho llamar Sr. Juez?. Estoy a su disposición para ayudar en cuanto pueda. JUEZ.- Sr. Nazario. ¿Le unía a Vd. una gran amistad con D. Severo, es eso cierto? NAZARIO.- Sí Sr. Juez. D. Severo me ayudó cuando más lo necesitaba. Era un buen hombre y estoy muy afectado por la tragedia sucedida. JUEZ.- ¿Es verdad que en alguna ocasión D. Severo le había prestado dinero? NAZARIO.- Sí señoría. Me prestó dinero cuando la enfermedad de mi esposa. Los gastos eran muy grandes y la taberna estaba medio atendida. JUEZ.- ¿Estaba ya cancelada la deuda? NAZARIO.- ¿Qué quiere decir? JUEZ.- Que si le debía Vd. todavía algo a D. Severo. NAZARIO.- ¡Ah!. Sí. Aún quedaba algo pendiente JUEZ. ¿Puede decirme cuánto? .NAZARIO.- Unas 2.000 pesetas JUEZ.- ¿Se las había reclamado D. Severo en la actualidad? NAZARIO.- No Sr. Juez. Yo le iba pagando mes a mes religiosamente. JUEZ.- Su hija de Vd. ha declarado que en la mañana del crimen de camino a casa de D. Severo se encontró con Miguel Cervera y que cuando sonó el disparo estaban juntos. NAZARIO.- Señoría. Mi hija había empezado el día anterior a trabajar en casa de D. Severo. Salió por la mañana para allí después de limpiar la taberna. En el momento del disparo yo creo que ya debía estar en casa de D. Severo. Lucía sabía que el señor no soportaba la falta de puntualidad. Además eso mismo me dijo Joaquín su hijo, que cuando sonó el disparo mi hija ya había llegado a su casa. JUEZ.- Sr. Nazario, permítame recordarle que su hija ha declarado que en el momento del disparo se encontraba con Miguel Cervera. NAZARIO.- Sr. Juez. Mi hija está enamorada de ese muchacho. Sería capaz de hacer cualquier cosa para que no le acusen del crimen. Tiene que entenderlo. Ella quiere a Miguel. JUEZ.- ¿Asegura Vd. que ha hablado con el hijo de D. Severo? NAZARIO.- Así es. Fui de las primeras personas que llegó a su casa después del crimen. Joaquín tenía mal aspecto y la desgracia lo había desencajado. Me dijo que la noche anterior habían estado bebiendo, era la noche de quintos, ¿sabe?. Discutió con Miguel y éste le amenazó a él y a su familia. Tenía testigos de eso. También me aseguró que Lucia estaba ya en la casa cuando oyeron los dos el disparo sin poder imaginar la desgracia que había ocurrido. JUEZ.- Está bien, señor Nazario. Puede retirarse. (Vase) (Un momento de pausa. El Juez toma notas y entra Joaquín) ESCENA 6.3 JUEZ.- Joaquín le he hecho llamar en estas terribles circunstancias porque su declaración nos puede servir al esclarecimiento del crimen. Siento tener que interrogarle sobre cuestiones tan dolorosas y de tan reciente recuerdo. JOAQUIN.- No se preocupe señor Juez. Lo entiendo. JUEZ.- ¿Qué tal eran las relaciones con su padre? JOAQUIN.- Mi padre era un hombre muy recto. Siempre lo he tratado con respeto. No le gustaba que se le llevara la contraria y he procurado obedecerle siempre. Para él era muy importante mantener a nuestra familia unida. JUEZ.- ¿Había tenido con él últimamente alguna discusión? JOAQUIN.- Yo nunca discutía con mi padre, señor Juez. Él no lo hubiera consentido. JUEZ.- ¿Dónde se encontraba usted cuando se escuchó el disparo que acabó con la vida de su padre? JOAQUIN.- En la cocina de mi casa. Tomaba una taza de café. Estaba amaneciendo. La noche anterior había habido ronda y tenía algo de resaca. JUEZ.- ¿Se encontraba usted solo en esos instantes? JOAQUIN.- No. Hacia poco que había llegado Lucía la hija del tabernero. El día anterior había comenzado a trabajar en casa para ayudar a mi madre. Así lo había convenido mi padre con ella. JUEZ.- ¿Se asustó usted al oír el disparo? JOAQUIN.- Si le digo la verdad no le di la mayor importancia. En estas fechas suele haber cazadores furtivos por el pueblo. JUEZ.- ¿Y Lucía, dijo algo Lucía? JOAQUIN.- Ni se inmutó, ella comenzó con su trabajo y no hicimos comentario alguno. JUEZ.- ¿Es verdad que discutieron la noche anterior usted y Miguel Cervera? JOAQUIN.- Sí señoría. Discutimos y llegamos a las manos. Habíamos bebido y nos dijimos cosas. Miguel me amenazó a mí y mi familia. JUEZ.- ¿Le consta que su padre tuviera enemigos en el pueblo? JOAQUIN.- Mi padre era una persona muy respetada. Había envidias. Pero jamás hemos tenido problemas con la justicia. Si con alguien fue exigente lo era para defender nuestra hacienda. JUEZ.- ¿Su padre prestaba dinero con asiduidad a vecinos del pueblo? JOAQUIN.- Mucha gente recurría a mi padre cuando tenía problemas económicos y él procuraba ayudarles en lo posible. JUEZ.- Algunos no podían con la deuda como le pasó a Indalecio Espino y perdieron sus tierras. Era su padre inflexible con los que dejaban de pagar. ¿Sospecha que alguno de sus deudores se vengó con su muerte? JOAQUIN.- No lo creo señor Juez. Mi padre daba trabajo y prestaba dinero a quien lo necesitaba. Y cuando alguien no podía devolverlo a tiempo acordaban un aplazamiento. En el caso de Indalecio no nos quedó más remedio que hacernos a sus tierras porque ya eran dos años sin pagar ni siquiera los intereses del préstamo y todo por su mala cabeza, por su mala administración. JUEZ.- ¿Sospecha usted de Indalecio Espino como autor de la muerte de su padre? JOAQUIN.- No, señoría. Indalecio no tenía muchas luces para la hacienda pero era un hombre incapaz de cometer tan espantoso acto. Además, en la mañana del crimen cuando sonó el disparo hay testigos que le vieron cargar sus cosas. Se iban del pueblo. Aquí ya nos les quedaba nada y tenía un hijo enfermo. JUEZ.- ¿Quién cree que pudo haber sido el asesino de su padre? JOAQUIN.- Señoría. Al oír las voces que siguieron al disparo me dirigí corriendo al lugar donde mataron a mi padre y vi huir a un hombre escopeta al hombro. JUEZ.- ¿Pudo distinguir de quién se trataba? JOAQUIN.- Era Miguel Cervera. JUEZ.- Esto es una acusación muy grave. ¿Esta usted seguro? JOAQUIN.- Lo estoy, señoría. El hombre que huía era Miguel el del arrabal. JUEZ.- La señorita Lucía asegura que en el momento del disparo Miguel Cervera se encontraba con ella. JOAQUIN.- Fueron novios una temporada. Ella querrá protegerlo declarando a su favor. Ya sabe, señor Juez... la pobre es tan sentida... Además, le acongoja la idea de haber sido novia de un criminal... JUEZ.- Por ahora ya es suficiente. Puede ir con Dios. Siento haberle tenido que hacer pasar por este trago tan amargo de recordar la muerte de su padre. JOAQUIN.- No se preocupe, señoría. Si en algo me necesita... Todo para que el asesino tenga su merecido. (Vase) (Momentos de pausa y nuevas notas del Juez. Interviene el Cura) ESCENA 7.3 JUEZ.- ¿Qué le parecen las declaraciones de los testigos D. Tristán? En algunos casos son tan contradictorias... CURA.- Joaquín me parece un hombre íntegro. Su entereza cristiana se la debe sin duda a la educación de su padre. Familia ejemplo de honradez, incapaces de hacer daño a nadie. ¿Quién podría querer mal a D. Severo, un hombre generoso, si no es por envidia o venganza mezquina? JUEZ.- ¿Y según Vd. Páter quién cree que podría sentir esa envidia o vengarse con tal crueldad? CURA.- Indalecio es un pobre hombre que perdió su hacienda por malas cuentas, pero al que D. Severo ayudó cuanto pudo. Tanto él como su familia son incapaces de cometer tal atrocidad; además, hay testigos que les vieron abandonar el pueblo. Todo apunta al tal Miguel. Yo conocía sus rencillas con D. Severo y su familia. Rencores por las haciendas, los jornales y los quereres de la hija del tabernero. Un hombre puede perderse por unas faldas de mujer o por unos cuartos de jornal que se estiman mal pagados. La familia del arrabal jamás en la iglesia han pisado ni hablado en confesión y por no contar de las hermanas que más de un murmullo se ha oído por el pueblo que nos harían sonrojar a usted y a mí, señoría. JUEZ.- Bien. Solo me queda ver a Miguel Cervera. Estará a punto de llegar, esta es la hora acordada para su interrogatorio. CURA.- Escuchemos lo que nos cuenta. ESCENA 8.3 (Aparece en escena Miguel) MIGUEL.- Señoría, ¿da su permiso? JUEZ.- Adelante. ¿Conocía usted a D. Severo Beltrán? MIGUEL.- Sí, señor juez. Había trabajado para él en algunas ocasiones. JUEZ.- ¿Qué tal eran sus relaciones con él? MIGUEL.- No era santo de mi devoción, señor juez. Se lo digo honradamente. JUEZ.- ¿Tenía cuentas pendientes con el fallecido? MIGUEL.- ¿A qué se refiere? JUEZ.- ¿Quiero decir, deudas pendientes o jornales sin cobrar? MIGUEL.- No, señoría. Hacía ya tiempo que dejé de tener tratos con D. Severo. JUEZ.- ¿Me puede decir por qué motivo? MIGUEL.- Con todos los respetos señor juez, D. Severo tenía fama de usurero y explotador; por eso procuraba no tener cuentas con esa familia. JUEZ.- Tengo entendido que con su hijo tampoco se llevaba. MIGUEL.- Ya le he dicho que no quería tratos con ninguno de ellos. JUEZ.- Según declaración de algunos testigos, estos afirman que la noche anterior al crimen discutieron usted y el hijo de D. Severo MIGUEL.- Habíamos bebido. Nos dijimos algunas cosas y llegamos a golpearnos. Heridas de poca importancia. JUEZ.- Pero usted amenazó a él y a su familia. MIGUEL.- Fue en un momento de arrebato, señoría. Me dejé llevar por la rabia, él se metió con mi familia. Además, tratan de separarme de Lucía, la hija del tabernero, ¿sabe?. Ella y yo nos queremos... y por ella hemos tenido más de una disputa Joaquín y yo. Pero le juro señor juez, que yo tengo nada que ver con el crimen. Esa noche bebimos mucho, yo no fui a casa, no quería que mi madre y mis dos hermanas me vieran en ese estado y me quedé dormido al lado del camino. Al amanecer pasó por allí Lucía que se dirigía a casa de D. Severo y asustada por mi aspecto me despertó y estuvimos hablando de lo de la noche anterior, la noche de quintos, Sr. Juez. En esto, oímos un disparo. ¡Cazadores!, pensamos. Pero al poco se oyeron voces que nos hicieron sospechar que algo grave había ocurrido. Salimos corriendo, yo preocupado por mi madre y hermanas y ella a casa de D. Severo. Eso es todo, señoría, desde entonces no he vuelto a ver a Lucía... JUEZ.- Pero algún testigo asegura que al poco de cometerse el crimen vieron huir a un hombre escopeta al hombro y que ese hombre era usted. MIGUEL.- Eso es imposible. En mi vida he visto una escopeta ni conozco su manejo. ¿Quién ha podido declarar semejante infamia?. Pueden haber visto al asesino huir, eso es probable. Pueden haber visto a alguien con una escopeta cerca de lugar del crimen. Pero nadie puede acusarme a mí, a no ser por odio, traición o venganza. Se lo juro, señor juez. Yo no tengo nada que ver con ese crimen. Estaba con Lucía cuando sonó el disparo. Ella se lo puede asegurar. JUEZ.- Bien, Miguel. De momento, no tengo más preguntas. Puedes retirarte. MIGUEL.- Pero señoría, le juro... JUEZ.- Está bien, Miguel. No debes alejarte del pueblo por si necesito interrogarte de nuevo. MIGUEL.- ¡Es injusto. Es injusto!. Nadie ha podido verme huir del lugar del crimen. Yo no estaba allí... ¡Maldita sea! (Vase Miguel totalmente compungido) ESCENA 9.3 (De nuevo interviene el Cura que ha seguido atentamente todas las declaraciones de todos los testigos) JUEZ.- ¿Qué opina de todo esto, Páter? CURA.- Es cuestión que debe tratar la Justicia de los hombres y tenga usted la certeza absoluta de que Dios Omnipotente que todo lo ve aplicará el Derecho Divino y será implacable en sus designios. Dejemos que el Todopoderoso alumbre nuestro entendimiento y hagamos la justicia que se merece un hombre de bien que ya no está entre nosotros, castigando al culpable como se merece. FIN DEL TERCER ACTO ENTREACTO TERCERO/CUARTO (Una vez finalizado el acto anterior hace aparición en escena un ciego que cantará unas coplas relacionadas con el crimen de D. Severo y la posterior condena del culpable) CIEGO.- Cuentan que en esta tierra Un hombre fue asesinado Y no murió en una guerra Sino a manos de un desalmado Un crimen se cometió Tan horrendo y espantoso Que a una viuda dejó Sin su severísimo esposo Los celos y el desamor Lo llenaron de ignominia Un joven perdió la razón Y desgració una familia Hoy cumple pena en presidio Y será para muchos años Con la moza tenía un idilio Hasta que otros lo acusaron Y así continúa la copla Que les vengo a recitar Miguel se quedó sin novia Joaquín la llevó al altar Un hijo que les dio el cielo Y su hacienda que no iba mal Pero de Lucía era el desvelo El mozo del arrabal No era feliz con el rico Con blusa nueva y criada Pues prefería un poquito De amor y no se lo daba Y aquí termina la historia Y aquí termina el relato De un crimen en la memoria De pueblo muy castellano Miguel se llamaba el novio Lucía su perdición A él lo cegó su odio Y a ella su maldición CUARTO ACTO (La acción discurre en casa de Joaquín. Casa de labriego rico) ESCENA 1.4 (Lucía ya casada con Joaquín, aparece en escena en compañía de Juanito, su hijo) LUCIA.- Juan, ven aquí. ¡Vamos!. Es hora de ir a la escuela. Acaba de desayunar. Todos los días lo mismo... Vas a llevar unos azotes. Eres un niño malcriado. Venga... JUANITO.- Ya voy, mamá. ¡Jolines!. Estoy cansado de ir a la escuela. ¿Por qué tengo que ir todos los días? Yo de mayor quiero mandar mucho y que todos me obedezcan. Y tener muchas tierras y ganado. Y para eso no hace falta ir a la escuela... LUCIA.- Juanito, que te la estás ganando. Date prisa que vas a llegar tarde JUANITO.- Ya voy. Pero prométeme que cuando sea mayor voy a tener muchos criados. LUCIA.- Tú lo tienes que hacer es ir a la escuela y hacerte un hombre de provecho o quieres ser como esos desgraciados que andan por ahí. No ves qué vida traen los pobres... JUANITO.- Mamá, para ser amo no hay que estudiar. Mira papá, me han contado que de pequeño tampoco quería ir a la escuela. LUCIA.- Juanito. No me hagas hablar. ¡Vamos! Pitando a la escuela si no quieres que te ponga el culo como un tomate. JUANITO.- ¡Mama! LUCIA.- ¿Qué? JUANITO.- ¿Me prometes que si te cuento algo no te vas a enfadar? LUCIA.- Depende JUANITO.- Es algo que oí en la escuela LUCIA.- Seguro que un pecado muy gordo. No se te ocurra repetirlo delante de tu padre. JUANITO.- No, delante de papá no lo voy a contar. Y no es un pecado. Es... es algo peor LUCIA.- ¿Algo peor? ¡Vamos! Suelta de una vez... JUANITO.- Pero prométeme que no te enfadarás si te lo digo. LUCIA.- Venga, lo prometo. JUANITO.- Pues, Fermín el hijo del secretario le estaba contando a José y a Nicanor que habían soltado al asesino del abuelo. Que ya ha salido de la cárcel porque como ya había cumplido los doce años de condena... Y también, Fernando, el hijo del maestro dijo que tú y ese hombre habíais sido novios cuando erais mozos. Que se lo había oído decir a su madre. ¿A que todo eso es mentira, mamá? ESCENA 2.4 (Aparece en escena Joaquín. Furioso. Como desencajado. Últimamente siempre se comportaba lo mismo) JOAQUIN.- ¿Qué pasa aquí? ¿Todavía estamos así? Ya es hora de ir a la escuela. ¡Vamos! Mal acostumbrado y consentido tienes al muchacho. Algunas quejas me viene dando el maestro sobre su comportamiento. Yo, a sus años, jamás contrarié a mi padre de este modo. Y todo por tu culpa y tu maldita manía de cumplirle todos los antojos. (Sale de escena Juanito cabizbajo y triste) En esta casa los caprichos hay que ganárselos, ¿has oído? Hay que ganárselos. Y no solo va por el chico. ¡Vamos! Que me preparen el almuerzo. ¿A qué estás esperando? LUCIA.- Yo no quiero ningún capricho. Solo quiero que no seas tan brusco conmigo y que te ocupes un poco más de nuestro hijo. Él hecha de menos el cariño de su padre. JOAQUIN.- ¿Qué no sea brusco contigo? ¿Por qué no he de serlo? ¿Acaso me das motivos para tratarte como a una señora? LUCIA.- Yo procuro ser una buena esposa, Joaquín pero tú siempre estás de mal humor, siempre estás muy ocupado con tus labores y el poco tiempo que te deja la hacienda lo dedicas a tus amigos. Me encuentro sola... JOAQUIN.- No me cuentes historias. No te quejarás de que el trabajo te mata porque no hago más que pagar criadas para que tu te pasees por el pueblo y encima te quejas de la vida que llevas ¿Qué quieres, volver a la taberna de tu padre? Estoy harto de tus impertinencias, así que haz el favor de dejarme en paz. LUCIA.- En la taberna de mi padre había mucho trabajo y poco dinero Joaquín, pero nos sobraba cariño. JOAQUIN.- Ya salió la otra con el cariño. Eso, que yo sepa, no da de comer. Y no me hagas hablar porque si en aquella casa había algo era gracias a mi padre. LUCIA.- ¿Qué quieres decir con eso? En mi casa siempre fuimos honrados, cosa que no pueden decir todos. JOAQUIN.- ¿Qué insinúas? ¿Estás poniendo en duda la honestidad de mi familia?. ¡Arpía! (La golpea en la cara con la mano vuelta) ¡Sinvergüenza! LUCIA.- Joaquín. ¡Por favor! JOAQUIN.- Eres una ingrata. ¿Así es como pagas el haber dejado de fregar suelos para vivir como una señora? O es que todavía piensas en el del arrabal. ¿Con él te habría ido mejor, con aquel asesino? LUCIA.- No tienes derecho a tratarme así. JOAQUIN.- ¿Que no tengo derecho...? ¿Quién eres tú para hablarme a mí de derechos? Si eres tú la que no cumples con tus obligaciones ni de madre ni de esposa. Me eres indiferente, ¿sabes? Indiferente. Y ándate con cuidado que ya me conoces cómo me las gasto. LUCIA.- Joaquín, me das miedo. Tus arrebatos me torturan. ¿Por qué me odias, tanto?. ¿Por qué me maltratas así, tanto a mí como a nuestro hijo? ¿Qué debo hacer para no verte lleno de ira y mal encarado?. JOAQUIN.- Largarte de mi vista y dejarme en paz. Eso es lo que tienes que hacer. Y no quiero verte consentir más al muchacho. Voy a estar una temporada fuera y no quisiera ver a mi vuelta esta casa patas arriba. Que me preparen las cosas para esta tarde que salgo de viaje. LUCIA.- Cada vez son más frecuentes tus ausencias. Ni siquiera sé dónde vas. Ni en un apuro, dónde buscarte. JOAQUIN.- Donde voy es asunto mío y si surge algo habla con Venancio, él es quien quedará encargado. Esta tarde salgo con el capataz. (Vase) ESCENA 3.4 (Lucía desconsolada llora en silencio su amargura. Entra Juanito) LUCIA.- ¡Dios mío! Qué me ocurre. JUANITO.- Mamá. Mamá. Ya estoy aquí. Hoy no hay escuela. El maestro esta enfermo y nos ha dicho su hijo Fernando que nos podíamos volver a casa. (Pausa) Te veo triste... ¿Has llorado? ¿Qué te pasa mamá? LUCIA.- Nada hijo, solo estoy cansada JUANITO.- ¿Te has peleado con papá otra vez? ¿Por qué se porta tan mal contigo? No me gusta verte llorar. ¡Por favor, mamá! Hemos vuelto a hablar del asesino del abuelo. Dicen que es un hombre muy malo y que ahora que ha salido de la cárcel va a seguir matando. Tengo miedo mama... LUCIA.- No te asustes hijo. Ese hombre no volverá por aquí JUANITO.- ¿No? ¿Entonces donde vaya va a matar al abuelo de otro niño? LUCIA.- Juan, hijo. No pienses más en ello. No hagas caso de las cosas que cuentan. Ese hombre no fue el asesino del abuelo. JUANITO.- ¡Ah, no! ¿Y entonces por qué estuvo en la cárcel? LUCIA.- Algún día lo sabrás... Ahora, déjate de chácharas y a leer un poquito si es que no tienes escuela. JUANITO.- ¿Por qué no me cuentas el cuento del pirata Pata de Palo? LUCIA.- Anda, ve a tu habitación y déjame que ahora tengo mucho que hacer. Esta noche te contaré el cuento. JUANITO.- ¿Y por qué papá casi nunca está en casa? Yo hecho mucho de menos el que alguna vez me contara él los cuentos pero siempre está fuera. LUCIA.- Papá tiene mucho trabajo y apenas le queda tiempo. Está muy ocupado con sus quehaceres. Tiene que trabajar duro para que a nosotros no nos falte de nada. ¿Lo entiendes, Juanito? JUANITO.- No. El padre de Enrique también tiene muchas tierras y ganado y muchos criados. Trabaja mucho pero me cuenta que su padre le enseña muchas historias y que aprende muchas cosas con él. Papá nunca me dice nada si no es para reñirme por algo... LUCIA.- Juanito, a tu cuarto a leer. JUANITO.- Adiós mamá. Te prometo que cuando sea mayor yo no voy a ser como papá. Y te llevaré conmigo y no me separaré nunca de ti. Nunca. ¡Un beso! (Vase) ESCENA 4.4 (Lucía sumida en una profunda depresión) LUCIA.- ¡Dios mío! ¡Qué desdicha más grande! ¡Qué infeliz criatura que de todo se da cuenta! Y Miguel... libre. ¿Qué será de él? Doce años en presidio por un delito que no cometió. ¡Qué recuerdos me vienen a la cabeza! Las ilusiones que teníamos cuando nos veíamos casi a escondidas... Si mi pobre padre levantara la cabeza se daría cuenta del error que cometió al obligarme a casarme con Joaquín. Yo no lo quería. Yo no lo quería. ¡Miguel! El fuego de nuestro amor era tan grande que ni el tiempo ni la distancia han conseguido apagar su llama. ¡Estará cambiado! La cárcel te habrá hecho olvidar. No ha pasado un día que no piense en ti. Mi tiempo ha transcurrido tan despacio como para ti. He arrastrado las mismas cadenas que tú. He visto cada mañana los mismos barrotes y el mismo carcelero. Hemos compartido tantas cosas en la distancia en estos años que espero que sigas sintiendo lo mismo por mí y me ames con la misma fuerza con la que yo te amo. Pero nuestro amor es imposible. Como ya lo era antes. La fatalidad se ha cruzado en nuestras vidas y nos impide ser felices. Solo nos queda sufrir, sufrir de amor; aunque al fin es mejor amar sufriendo que vivir indiferente. Miguel estas libre. Libre. Pero debo olvidarme de ti.... FIN DEL CUARTO ACTO QUINTO ACTO (Interior en una taberna de dudosa reputación atendida por dos mujeres de costumbres ligeras. Hay un cartel que dice “La Media Luna” que así se llama el local. Mesas y sillas en primer plano y al fondo el mostrador) ESCENA 1.5 JOAQUIN.- Señor Ledesma. O las toma o las deja. He venido hasta muy lejos y este es mi último precio. Las tierras que pretendo venderle están catalogadas de primera. Seguramente las mejores del valle. Bien sabe Dios que me cuesta desprenderme de ellas, pero estas fincas están muy alejadas de mi hacienda y me es imposible atenderlas. LEDESMA.- Esta bien señor Beltrán. Conozco esas tierras y sé que no son malas pero el precio que me pide es excesivo. No están los tiempos como para malcomprar. JOAQUIN.- No me diga, si es que conoce esas tierras, que es malcomprar pagar el terreno por lo que le pido y además para que no dude de mi generosidad estoy dispuesto a concederle un aplazamiento en el pago hasta terminadas las cosechas. LEDESMA.- Un aplazamiento... Bueno, eso no está mal. Si me espera Ud. hasta el próximo septiembre y en el precio incluimos los árboles de la finca que pega al camino... Trato hecho. JOAQUIN.- ¿Los árboles? Pretendía cortarlos para su venta a la serrería. Esa madera vale un buen dinero. LEDESMA- Señor Beltrán esa es mi última oferta. Piénselo. El precio que yo le estoy ofreciendo no se lo va a dar nadie. JOAQUIN.- Eso no es verdad. Ud. sabe que los hermanos Velasco ya me las han pretendido varias veces. Y me han ofrecido más dinero. LEDESMA.- ¿Y por qué no se las ha vendido? Porque Ud. conoce que los Velasco no son de fiar y que no saldría de líos. Eso también tiene que tenerlo en cuenta. Sabe que conmigo va a tener problemas. En Septiembre después de la cosecha hacemos la escritura: dinero a un lado y fincas a otro. ¿De acuerdo? JOAQUIN.- Esta bien. Hay trato. Podrá tomar posesión de las tierras en breve para que pueda prepararlas de cara a la próxima sementera. Me envía el contrato a fin de que lo revise D. Daniel, el abogado de la familia y si todo ello es de nuestra conformidad me entrega la señal hasta que hagamos las escrituras ante el Notario y las tierras son suyas. Acaba Ud. de hacer el negocio de su vida. LEDESMA.- No crea. No crea. Es Ud. un hábil negociador. Me ha sacado unos buenos dineros por esas tierras. Más de lo que, en un principio, estaba dispuesto a darle, créame. Ahora si me disculpa... Es tarde y mañana me espera un buen día de trabajo. JOAQUIN.- Ha sido un placer hacer negocios con Ud. señor Ledesma. LEDESMA.- Lo mismo digo. ¡Buenas noches!. (Vase) JOAQUIN.- ¡Buenas noches!. ESCENA 2.5 (Después de unos segundos solo en la mesa Joaquín y apurando el último vaso de vino entra su capataz) CAPATAZ.- ¿Qué tal le ha ido D. Joaquín? Parece satisfecho. ¿Ha llegado a un acuerdo con el señor Ledesma? JOAQUIN.- Una buena venta, Sebastián. Una buena venta. Me he desecho de esas tierras por casi el doble de lo que le presté al infeliz que le hemos embargado por impago. Y eso hay que celebrarlo. ¿Qué te parecen las taberneras? Serían unas buenas invitadas a nuestra fiesta. CAPATAZ.- D. Joaquín. Entienda que yo... JOAQUIN.- Qué D. Joaquín ni D. Joaquín, Sebastián. Hay que darle una alegría al cuerpo de vez en cuando. Y no me llames D. Joaquín ahora. Tú y yo somos amigos y nos vamos a divertir esta noche. CAPATAZ.- No sé si será buena idea. JOAQUIN.- Un día es un día, Sebastián. Esas mujeres están de muy bien ver y yo creo que no les importaría pasar con nosotros un rato. Son gente de la vida, ¿no lo ves? CAPATAZ.- Es tarde, D. Joaquín y yo creo que deberíamos irnos. Cenar tranquilamente y salir de regreso mañana temprano. JOAQUIN.- Sebastián. No ves qué hermosuras hay detrás del mostrador. Nos están mirando. Esas quieren algo. ¿No te das cuenta? ¡Eh, señoritas! Podéis servirnos a mi amigo a mí un buen vino y alegrarnos con vuestra presencia. CAPATAZ.- D. Joaquín. Lo siento pero yo voy a retirarme. Estoy cansado, ha sido un día muy duro. Es tarde y este no es un sitio donde esté a gusto. Le espero en la posada. JOAQUIN.- ¿Es que no te gustan las taberneras? Pues entonces, perdona Sebastián pero es que estás ciego. CAPATAZ.- D. Joaquín, que no es eso. Estas mujeres, parecen ligeras, como le diría... de vida alegre. Me contó el capataz del Sr. Ledesma que hace unos años cayeron por aquí. Que había oído que su familia cayó en desgracia. Están solas. Sus padres murieron y un hermano acabó la horca. Eso se cuenta. Pero no se sabe de donde son ni de donde vienen. JOAQUIN.- Sebastián. A mí que me importa su vida. Solo te digo que son unas preciosidades y que yo me voy a divertir con ellas esta noche y si tú no quieres tú te lo pierdes. ¡Eh, jóvenes! Aparte de vuestros encantos que a la vista están, ¿guardáis alguno más para consolar a este humilde caballero solitario? (Las taberneras se acercan a la mesa a la pregunta de Joaquín) LUISA.- Le aseguro que nadie ha puesto queja de la bebida ni del trato que se da en esta casa. Nos gustan las personas como Ud. alegres y divertidas pero también los prudentes y responsables como su amigo. Si lo que se trata es de hacer la vida más agradable... JOAQUIN.- Ves, Sebastián, ¿qué te he dicho? INES.- Y si a ello hacéis honor esta ronda la paga la casa. (Se dirigen ambas al mostrador a buscar otra jarra de vino) LUISA.- ¿Te has dado cuenta Inés?. ¿No te suena la cara de este tipo, del más dicharachero? INES.- Pues no sé... No me había dado cuenta, la verdad. Y ahora que lo miro, es cierto que no me es del todo desconocido. Aunque ya sabes, ¡pasan tantos hombres por aquí que cualquiera sabe! Si hablamos con él a lo mejor nos saca de dudas. LUISA.- Por la conversación que traía con el señor Ledesma ha venido a vender unas tierras. INES.- Pues para tener tierras en el pueblo no lo habíamos visto nunca por aquí. LUISA.- Según le oí comentar eran unas tierras que habían embargado por un préstamo al que un pobre hombre no pudo hacer frente. Ya debías conocer los negocios que trae el Sr. Ledesma. Será otro de la misma calaña. Vamos a seguirle la corriente... (Vuelven a la mesa) INES.- Ahí va esa ronda prometida. CAPATAZ.- Si me disculpan yo tengo que hacer, le espero en la posada D. Joaquín. Saldremos mañana al amanecer si Ud. no dispone otra cosa. Buenas noches. (Vase) ESCENA 3.5 (Se queda solo Joaquín con las taberneras) LUISA.- ¿Con que D. Joaquín...?. Debe ser Ud. un hombre muy importante. Con escudero y todo como D. Quijote. JOAQUIN.- Bueno. No me puedo quejar. Me van bien las cosas y hoy acabo de hacer un buen negocio. Me gustaría celebrarlo rodeado de grata compañía. LUISA.- Yo soy Luisa y esta es Inés. Y estamos aquí para lo que Ud. disponga. JOAQUIN.- Bueno yo creo que lo primero es brindar con vosotras. Por los buenos tiempos y las bellas mujeres. INES.- Y por los apuestos caballeros. JOAQUIN.- Decidme. No parecéis de esta tierra. LUISA.- No, la verdad, somos de lejos. Nuestros padres vinieron a trabajar para una finca. Pero éramos muy pequeñas y no conocemos otro término que este, así que nos consideramos ya de este lugar.. JOAQUIN.- Vuestros padres viven en la finca. INES.- Sí, ellos viven en la finca. Nosotras estamos solas. Con los pocos ahorros que teníamos conseguimos comprar esta pequeña venta y nos las apañamos muy bien. JOAQUIN.- Vaya otra ronda por las camareras más hermosas de toda la comarca. LUISA.- ¿Y Ud. de donde viene? No le habíamos visto antes por aquí. JOAQUIN.- Vengo de lejos. Cuestión de negocios. Es la primera vez que piso por aquí pero os juro que no será la última. Venga otro trago. INES.- ¿Está Ud. casado? JOAQUIN.- Si señorita pero como si no lo estuviera. Mi matrimonio no funciona. No es una buena esposa, sabéis. Ni una buena madre. Ella también era una camarera, como vosotras, su padre tenia una taberna. Trabajaba de sol a sol. Desde que se casó conmigo no sabe lo que es hacer la casa, criadas, criados; ella solo pasear y lucir palmito y a cambio cómo me lo paga. Con indiferencia. Con ingratitud. Creo hasta que me odia. Incluso me pone en contra a nuestro propio hijo. Algún día ser va a llevar un buen escarmiento. Estoy aguantando demasiado LUISA.- Ud. no se merece eso. JOAQUIN.- Claro que no me lo merezco. Pero yo creo que es que no me quiere. En el fondo yo creo que todavía esta enamorada del presidiario.. INES.- ¿Qué quiere decir?. JOAQUIN.- Sí. Un muchacho del pueblo que había trabajado para mi padre. Su casa estaba en las afueras. Un tal Miguel, que no tenía donde caerse muerto. Vivía con sus hermanas a las que apenas se les veía por el pueblo. Yo ni las conocía. Y con su madre enferma ¿Qué futuro le esperaba con él?. Y así me lo paga la muy bruja. INES.- Pero Ud. la quería. ¿No es así?. Por eso se casó con ella. JOAQUIN.- No lo sé. Lucía era muy hermosa en sus años mozos. Era a mí a quien quería. Nuestros padres deseaban esa boda y yo también, pero el del arrabal, el Miguel que os he dicho, se cegó por la soberbia y cometió un grave error. INES.- Pero Ud. seguro que era mejor mozo que él... Nada más hay que verle y el que tuvo retuvo... LUISA.- Acompáñame Inés, vamos a servir al señor más vino que alivien sus penas y nosotras haremos el resto. (Se dirigen al mostrador y entre ellas hablan) ¿Te das cuenta Inés?. ¡Es Joaquín el hijo de D. Severo!. Por eso nos sonaba tanto su cara. Esta hablando de nuestro hermano. He soñado tanto tiempo con poder echarme este hombre a la cara que ahora que lo tengo ahí al lado me tiemblan las piernas. Pero debemos actuar con cautela. No nos ha reconocido, la verdad es que apenas nos vio una o dos veces y hemos cambiado tanto hermana... Va a llevar su merecido es mal nacido INES.- Y tanto que va llevar su merecido. Ha de pagar con creces lo que le ha hecho a nuestro hermano. Y todo lo que nuestra pobre madre sufrió por culpa de esa puta familia LUISA.- ¡Joaquín... Es Joaquín!. Quien acusó a nuestro hermano de la muerte de su padre. ¡Joaquín!. Por su culpa, Miguel se está pudriendo en la cárcel desde hace 12 años y no le dieron garrote gracias al indulto. Este hijo de perra. No me puedo creer. ¡Sangre fría hermana, sangre fría...! (Vuelven a la mesa con Joaquín) INES.- Bueno D. Joaquín. ¿Hace un brindis?. JOAQUIN.- Hace. Y por favor, nada de D. Joaquín. ¡Joaquín! LUISA.- Esta bien Joaquín. ¿Por qué brindamos?. JOAQUIN.- Por nosotros tres y por lo que nos vamos a divertir. Por la bruja de mi mujer para que siga sufriendo y su vida sea para siempre un infierno. Y por ese mal nacido que acabó con la vida de mi padre para que se pudra en la cárcel. INES.- ¿Han asesinado a su padre? ¡Qué horror!. JOAQUIN.- Sí. El del arrabal. En venganza porque le quité la novia, asesinó a sangre fría a mi pobre padre. Un hombre que jamás hizo daño a nadie. Honrado a carta cabal, muerto a manos de un miserable. LUISA.- ¿Sería preso el tal Miguel? JOAQUIN.- A los pocos días. Varios testigos lo vieron salir huyendo encopeta al hombro una vez cometido el crimen. El peso de la ley cayo como una losa y dio con sus huesos en la cárcel. Doce años hace de aquello y espero que cumpla presidio hasta su muerte, si es que aún sigue con vida... INES.- Y bien merecido que lo tiene JOAQUIN.- Bueno, basta de recordar pasajes ingratos de mi vida. Vamos a divertirnos como Dios manda. Más vino y alegría muchachas. No sé que tiene esta bendita bebida que te hace desahogar y aliviar las penas y luego el cuerpo te pide juerga. Venga jarana muchachas. Hacedme sentir un hombre. Pago bien... Y soy cariñoso. LUISA.- Vaya con Joaquín. Ahora veras. Serás capaz de resistirte a nuestros encantos. Seremos tuyas esta noche. Aguarda la que te espera... Todo lo que te falta en casa lo vas a encontrar aquí. Para empezar, otra jarra INES.- Del mejor vino JOAQUIN.- Y mejores mujeres. Y que se mueran los pobres... INES.- Luisa. Ayúdame a llenar la jarra del cántaro de abajo. De la mejor cosecha y solo para clientes distinguidos. (Se dirigen al mostrador y comentan en voz baja) No aguanto más Luisa, acércame el frasco de veneno que guardo en el armario. LUISA.- Voy enseguida. (Echan el veneno en la jarra y se acercan de nuevo a la mesa) INES.- Joaquín. Este vino vas a probarlo por vez primera. Es ligero al paladar, profundo en la boca. Una delicia. Jamás beberás otro igual. ¿Qué tal?. JOAQUIN.- Exquisito. Acercaos quiero contaros algo al oído. Ja. Ja. Ja. ¿Seguro que podré dormir aquí, si es que, como preveo, la noche se va a alargar?. LUISA.- Una cama siempre hay dispuesta. JOAQUIN.- Pero somos tres. LUISA.- La cama es amplia Joaquín y la noche es larga. Bebe. A la cama van los muertos. JOAQUIN.- Bueno, los muertos y a buen seguro que un servidor con las camareras más deshonestas del mundo. INES.- ¡También!. ¡Eres pícaro Joaquín!. Haces bien. Hay que disfrutar de la vida porque no sabe uno donde la tiene. JOAQUIN.- No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Hay muertes repentinas... Ja. Ja. Ja. LUISA.- Esas manos, pillín... JOAQUIN.- Vino excelente. Aunque un poco subido de grados. Siento un poco de mareo. Déjame apoyar en tu pecho. Este vino y vuestros encantos me están haciendo perder la razón. INES.- ¿Te encuentras mal Joaquín?. Pareces pálido JOAQUIN.- Es el maldito estómago. La tarde ha sido larga. Trago va trago viene. Parece que me estoy encontrando mal. Es posible que haya bebido demasiado. Me quema el estómago y un sudor frío recorre mi frente. LUISA.- No te preocupes Joaquín, pronto vas a estar mucho mejor. Un poco de bicarbonato te vendría bien si fuera ardor por el exceso de alcohol pero contra el veneno tenemos antídoto. JOAQUIN.- ¿Qué quieres decir? ¿Qué broma es esta? LUISA.- No es ninguna broma Joaquín, o acaso no nos has reconocido. JOAQUIN.- Me encuentro muy mal, por favor ayudadme. LUISA.- Como nos ayudaste tú cuando mi madre necesitaba medicinas para su penosa enfermedad. Como ayudaste a nuestro hermano Miguel sabiendo que era inocente y por tu culpa se está pudriendo en la cárcel. Como ayudaste a nuestro padre que murió solo porque tú lo abandonaste en aquella maldita cacería. Como habéis ayudado a todos esos infelices que han perdido a vuestras manos toda su hacienda. Como ayudasteis a la Olegaria cuando se suicidó su marido porque no podía pagar vuestros prestamos abusivos. Ya no, Joaquín, has de pagar por todo ello. Y si hay un Dios justiciero entenderá la justa venganza hacia el hombre que enterró en vida a nuestro hermano. JOAQUIN.- ¡Por favor!. Me muero. ¡Ayudadme!. ¡Llamad a un médico! No quiero morir. No quiero morir. Yo no declaré contra vuestro hermano. Había testigos. Él lo hizo. Tenéis que creerme. INES.- Ya es tarde Joaquín. Nuestra venganza se ha cumplido. Día y noche soñábamos con verte muerto. Es lo que te mereces. Muerto. ¡Lentamente!. ¡Con sufrimiento...! JOAQUIN.- Malditas putas... ¡Miserables!. Seréis castigadas. Os cogerán y os pudriréis en la cárcel como vuestro hermano. No tenéis escapatoria. Hay testigos que me han visto aquí. Me arde el estomago y no puedo respirar. No puedo más, me ahogo, me ahogo.... LUISA.- Un poco de agua prolongará tu agonía para nuestro regocijo... JOAQUIN.- ¡Me muero... Me muero! LUISA.- Bien. Será mejor ir pensando cómo deshacernos del cadáver. En el pozo de la bodega jamás lo podrán encontrar. Cuando mañana venga el capataz a buscarlo le diremos que pasada la medianoche se fue bastante borracho. Nadie sospechará de nosotras. JOAQUIN.- ¡Os cogerán malditas! ¡Os cogerán! Vosotras tampoco saldréis vivas de ésta (saca una pistola pero la agonía le impide utilizarla y fallece) LUISA.- El miserable tenía una pistola. Pero el veneno ha hecho su efecto antes de que pudiera usarla. No nos hemos dado cuenta del peligro que hemos corrido, hermana. Gracias a Dios estamos vivas. Le podía haber dado tiempo a dispararnos. INES.- No quiero ni pensarlo. Ahora tenemos que ocultar el cadáver cuanto antes. LUISA.- Se me está ocurriendo una idea. Arrojarlo al pozo de la bodega nos podría traer problemas Podrían encontrar el cadáver. Sin embargo, estoy pensando que podríamos simular un suicidio. Recoge la jarra que tiene el veneno y friégala que no quede rastro. (Inés se dirige al mostrador a fregar la jarra) INES.- ¿Qué pretendes hermana? LUISA.- Disparar con su propia arma sobre su cabeza y hacer que parezca que lo ha hecho él mismo. (Le coge la mano que empuña la pistola, la dirige a la cabeza de Joaquín y aprieta sobre su dedo accionando el gatillo sonando un disparo) INES.- Así parecerá un suicidio en toda regla. Declararemos que bebió demasiado. Que se volvió como loco y en un arrebato se descerrajó un tiro en la sien. LUISA.- Le explicaremos a la Justicia los problemas que él mismo nos contó acerca de su matrimonio. Ello dará un cierto realismo a la trama. ESCENA 4.5 (Alarmado por el disparo el capataz entra a toda prisa y queda sorprendido con el cuadro que se le presenta) CAPATAZ.- ¿Qué ha ocurrido aquí? Me pareció oír un disparo. (Al ver a Joaquín) ¿No es posible? ¡D. Joaquín! ¡D. Joaquín! ¡Está muerto! ¿Cómo ha sucedido? Está empuñando su pistola LUISA.- Vd. mismo fue testigo de la alegría que tenía y lo feliz que parecía esta tarde. Nos pidió que le sirviéramos vino. Poco a poco el efecto del alcohol hizo que se desahogara con nosotras y nos hablara de lo mal que iba su matrimonio y de lo infeliz que se sentía. Parecía muy desdichado. Con el vino trataba de aliviar sus penas. Bebió demasiado y en un arrebato de locura sacó una pistola y se disparo un tiro en la sien sin que pudiéramos evitarlo. Una vez tendido en el suelo tratamos de reanimarlo pero el disparo fue mortal de necesidad. No tenemos que decirle que estamos consternadas por lo aquí sucedido CAPATAZ.- Me hago cargo señoritas. Esto ya se veía venir. Yo lo conocía bien. Sé muy bien que le gustaba la noche y que en el fondo era un desdichado. No me extrañó su tardanza en volver a la pensión pero no sé por qué esta noche tenia un mal presentimiento y me dio por acercarme hasta aquí para llevármelo porque ya me imaginaba que estaría con una buena borrachera. Cuando estaba a punto de llegar a este local oí el disparo y me temí lo peor. Mis presagios, desgraciadamente se cumplieron. Estaba convencido que este chico tarde o temprano acabaría mal y así ha sido. INES.- Si podemos hacer algo por Vd. CAPATAZ.- Nada. Muchas gracias. Ya han hecho bastante. Y después de todo han tenido suerte que no les ocurriera nada a Uds. Sé muy bien que cuando bebía se ponía muy agresivo. Eso, a veces, porque otras se volvía melancólico y depresivo. Su vida familiar no era un camino de rosas y no por culpa de su esposa que es una gran mujer. LUISA.- Sin embargo parecía un hombre tan apuesto y seductor que aunque lo conocíamos de unas horas le habíamos tomado aprecio. Lo sentimos mucho, de verdad. CAPATAZ.- Gracias. Avisaré al Juez para que nos autorice a levantar el cadáver y poder trasladarlo a su casa. No quiero pensar en su pobre madre. Primero su esposo y ahora su hijo muertos en estas circunstancias. Y su esposa y su hijo... FIN DEL QUINTO ACTO EPILOGO (Mismo decorado que al acto anterior) ESCENA 1.6 INES.- Tuviste buena idea hermana haciendo parecer que fuera un suicidio. Todo resultó muy creíble y además las declaraciones del capataz nos sirvieron de inestimable ayuda. Haberlo arrojado al pozo nos hubiera traído muchos problemas porque al no aparecer el cadáver ni verlo salir nadie de aquí... LUISA.- Sí. La verdad es que ese maldito se ha llevado su merecido. Por todo lo que él y su familia nos ha hecho sufrir. Siento como un alivio en el alma al haber podido vengar la ignominia cometida con nuestro hermano al que este miserable lo llevo a presidio y poco le faltó para que le hubiesen dado garrote. INES.- ¿Y qué será de nuestro hermano? ¿Habrá podido soportar con vida el sufrimiento de verse alejado de su amada y de haber sido condenado por un crimen que no cometió? Si al menos supiésemos en qué penal se encuentra preso podríamos visitarlo y aliviarle con nuestra presencia el infierno que debe estar viviendo. LUISA.- Genaro, el hijo del teniente de la Guardia Civil. Ese mozo alto y rubio que viene a menudo por aquí. ¿Le conoces? INES.- Sí. Ese tan simpático que siempre nos dice que si pudiera se casaría con nosotras dos. ¡Me hace una gracia...! LUISA.- Pues, a lo mejor, él a través de su padre podría enterarse en qué cárcel se encuentra Miguel. INES.- ¡Ya! Pero a mí me da apuro decirle que tenemos un hermano en presidio y además condenado por criminal. Porque aunque sabemos que es inocente cada uno puede pensar lo que quiera... LUISA.- Bueno. Tampoco hay que decirle que se trata de nuestro hermano sino de algún conocido de nuestra infancia y que tenemos un encargo que llevarle de parte de un familiar suyo... Eso o cualquier otro pretexto para que procure enterarse del penal. INES.- Encontraremos la manera de que nos informe. Su padre tendrá medios para ello. (Pausa) (Llaman a la puerta). ¿Has oído? Parece que llaman a la puerta. ¿Quién será, tan de mañana? Los clientes ya saben que no abrimos hasta bien entrada la tarde (Llaman otra vez) ¡Ya voy! ¡Ya voy! ¡Vaya prisas! ESCENA 2.6 (Aparece en escena Miguel. Se produce una situación difícil de describir. Después de tantos años Miguel se reúne con sus hermanas. Está algo desmejorado. Mal vestido. Y agotado) MIGUEL.- Por fin os encontré... LUISA e INES.- ¡¡¡Miguel!!! LUISA.- ¡Miguel! ¿Eres tú? Miguel. ¡Hermano! (Se abrazan los tres) INES.- ¿Es posible? Miguel. Doce años. Doce años esperando este momento para abrazarte. ¡Lo que has debido sufrir hermano! ¡Lo que hemos sufrido todos! MIGUEL.- Todo lo que he sufrido lo compensa poder volver a abrazaros. ¡Veros!. Teneros otra vez entre mis brazos. Y sentir el consuelo que en todos estos años me ha faltado. Solo vuestro recuerdo y el de Lucía me ha dado fuerzas para seguir luchando y no desfallecer en aquel infierno de ratas y humedad. He convivido con criminales y como uno más de ellos me han tratado. Era inocente, pero para los carceleros no era más que carroña que debía pudrirme en aquel penal. Ni aun la noticia de la muerte de nuestra madre pudo doblegar mi esperanza. ¡Pobre mujer!, Ni siquiera pudo sentir mi mano en sus últimos momentos... LUISA.- Ella se fue en el convencimiento de tu inocencia. ¿Y cómo es posible que estés libre? ¿No te habrás fugado? MIGUEL.- No... En principio, fui condenado a muerte pero un primer indulto me libró del garrote a cambio de treinta años. Ahora, a punto de cumplir trece años encerrado llegó otro indulto que me deja libre con la condición que no vuelva por el pueblo ni a cincuenta kilómetros a la redonda. Y debo presentarme cada mes en el cuartel de la Guardia Civil. INES.- Todavía no me puedo creer que estés aquí entre nosotras. ¿Y cómo nos has encontrado? MIGUEL.- ¿Os acordáis de Matías aquel chaval que trabajaba en un circo y que cada año por las fiestas visitaba el pueblo y del que nos hicimos tan amigos? LUISA.- ¡Cómo no nos vamos a acordar! Además no hace mucho que coincidió por aquí y estuvimos recordando aquellos tiempos. Nos preguntó por ti y le contamos todo lo ocurrido. Lo sintió tanto... Y no pudo contener la rabia. Tanto D. Severo como su familia no eran santos de su devoción. Se burlaban de él porque era un titiritero... MIGUEL.- Pues apenas llevaba libre una semana y sin saber dónde ir, en el primer pueblo que llego me encuentro con el Circo La Cibeles. No podía olvidar ese nombre. Era el circo de Matías. Allí lo encontré como siempre subido en el trapecio haciendo el número del triple mortal sin red. Cuando acabó la función me reuní con él. Nos contamos muchas cosas y fue él quien me dijo dónde podía encontraros. Y aquí estoy... INES.- Tenemos tantas cosas que contarnos... Pero es mejor que descanses. Ya tendremos tiempo para seguir hablando. Ahora vente conmigo que voy a prepararte un plato caliente y una cama donde puedas reponer fuerzas... Seguro que la pasada noche te pilló al raso... MIGUEL.- Pues sí. Era tanto el deseo que tenía de encontrarme con vosotras que me he pasado toda la noche de camino. LUISA.- Mientras tanto voy a recoger la taberna. Después me reúno con vosotros en la cocina y seguimos contándonos cosas. (Vanse Inés y Miguel) (Al cabo de un momento llaman a la puerta con insistencia). ¡Vaya mañana! Pero no saben que abrimos pasadas las 6 de la tarde... (Vuelven a llamar). ¡Ya voy! ¡Ya voy! ESCENA 2.6 (Entra en escena Lucía. Viste de luto riguroso) LUCIA.- ¡Buenos días! ¿Es esta la cantina de “La Media Luna”? LUISA.- Así es. ¿Qué se le ofrece? LUCIA.- Verá. Tengo noticias de que aquí en este lugar se produjo hace un tiempo un suceso conmovedor en el que un hombre se quitó la vida. Un hombre llamado Joaquín Beltrán. LUISA.- Está en lo cierto. Joaquín se llamaba el caballero, de su apellido nada sabíamos pero es evidente que estamos hablando de la misma persona. Pero, ¿quién es la que se interesa por ese suceso si puede saberse? LUCIA.- Vengo de parte de la familia del difunto para agradecerles cuanto hicieron por él en los últimos momentos. Sabemos que Vds. se portaron muy bien y que hicieron cuanto estuvo en sus manos para tratar de evitar el fatal desenlace. Y, a la vez, también para pedirles disculpas por el mal trago que debieron pasar. LUISA.- No lo sabe Vd. bien. Pero, en fin, ya pasó todo. Sentimos lo que estará pasando su familia, sobre todo su esposa y su madre. Nos contó que estaba casado y que su familia había sufrido hace mucho tiempo una fatalidad con la muerte de su padre. No parecía muy feliz... LUCIA.- ¿Les habló de su esposa? LUISA.- Bueno. Sí. Sí lo hizo. LUCIA.- Él no era feliz con su mujer. Ello pudiera haber sido una de las causas de su suicidio. Parece que su esposa no le correspondía a sus desvelos por ella y ¡claro! llegó un momento que él perdió los papeles. Que no aguantó más este infierno y decidió quitarse la vida. ¡Pobre Joaquín!. LUISA.- Pues, con todos los respetos señora. Esa no es mi opinión después de lo que aquel caballero nos contó aquella noche. Había bebido tanto que se desahogó con nosotras y no puso en buen lugar a su mujer, a la que según él odiaba con todas sus fuerzas. Decía que no era una buena esposa ni una buena madre y loco de rabia se descerrajó un tipo en la sien... ESCENA 3.6 (Aparece Inés en escena) INES.- Luisa. La comida está en la mesa. ¡Hola! No sabía que tenías compañía. LUISA.- La señora viene de parte de la familia del caballero que falleció aquí aquella noche en tan trágicas circunstancias. Y viene a pedirnos disculpas por las molestias y por el mal trago por el que tuvimos que pasar. INES.- Encantado señora y muchas gracias. Si no tiene prisa puede quedarse con nosotras a comer y podemos contarle informarle cuanto sea preciso. Total, para las dos y un hermano que ha venido hoy después de una larga ausencia hay comida de sobra. ESCENA 4.6 (Por la puerta de la cocina aparece Miguel en escena) MIGUEL.- Bueno hermanas, ¿venís o qué? Se va a quedar la comida tiesa. LUISA.- Vamos. La señora come con nosotros (vanse Luisa e Inés. Al quedarse solos en escena Miguel y Lucía éstos se reconocen) MIGUEL.- ¡Lucía! ¡Tú eres Lucía! LUCIA.- ¡Miguel! ¿Es posible? ¡No estoy soñando! Eres Miguel. Mi amor. Mi vida. Pero cómo podía pensar que te iba a encontrar aquí... MIGUEL.- ¿Qué haces aquí? ¿Cómo has encontrado a mis hermanas? LUCIA.- ¿Tus hermanas? ¿Estas señoras que tan gentilmente me han recibido son tus hermanas Inés y Luisa? MIGUEL.- ¡Claro! Inés y Luisa LUCIA.- Pero, ¿cómo es posible? MIGUEL.- ¡Lucia! ¿Pero qué te ha traído hasta aquí? Sé que estás casada que tienes un hijo y este pueblo está muy lejos de tu casa. ¿Tienes algún problema, Lucía? ¿Ha sucedido algo? LUCIA.- Nada Miguel. No ha sucedido nada. ESCENA 5.6 (Al ver que Miguel y la señora tardaban en pasar a la cocina entran en escena Inés y Luisa) LUCIA.- ¡Luisa! ¡Inés! (Se abrazan) INES Y LUISA.- ¡Lucía! LUCIA.- Perdonad que no me identificara. Yo tampoco os reconocí. Solo trataba de conocer lo ocurrido con Joaquín. MIGUEL.- ¿Qué ha sucedido con Joaquín? LUCIA.- Pues que el muy miserable se ha quitado la vida. Borracho y desesperado por mi indiferencia. ¡Era tan mala la vida que me hacía! ¡Yo ya no podía aguantar más! Quise saber por mi cuenta en qué circunstancias había muerto. El destino le deparó lo que se tenía merecido. No podía terminar de otra manera el desgraciado. MIGUEL.- ¿Que Joaquín se ha suicidado? LUISA.- No fue un suicidio. LUCIA.- ¿Qué quieres decir? LUISA.- Que Joaquín no se suicidó. Fuimos nosotras la que acabamos con su vida con un potente veneno. Era la merecida venganza contra el hombre que había destrozado nuestra familia. En su agonía trató de empuñar una pistola para acabar con nosotras pero los efectos del arsénico fueron mortales de necesidad. Con la pistola en su mano se la dirigí a la frente y presionando sobre su propio dedo contra el gatillo se disparó un tiro. En apenas unos segundos, y alarmado por el disparo, su capataz se lo encontró tendido en el suelo en medio de un gran charco de sangre y con la pistola en la mano derecha apuntando la sien. El suicidio perfecto. (La emoción puede con ella y entre sollozos es consolada por sus hermanos y Lucía). LUCIA.- Habéis sido muy valientes. MIGUEL.- Lucía. Nada ni nadie podrá separarnos ahora. Te he esperado tanto tiempo... LUCIA.- Somos libres. Miguel ¡Libres! Nos iremos lejos y ya nada se interpondrá entre nosotros. Juntos hasta la muerte. Tú y yo, Miguel. MIGUEL.- Hasta la muerte. Mi vida. ESCENA 5.6 (Entra Juanito con cara de pocos amigos) JUANITO.- ¡Jolín! ¿Cuándo nos marchamos? Tardabas tanto que me aburría en la pensión. El hijo del posadero es un pelmazo que me estaba dando una vara... MIGUEL.- ¿Y este niño? ¿Quién es este niño? LUCIA.- ¿Te acuerdas de la noche que me vino a buscar Paula y en una artimaña tuya para vernos le dijimos a mi padre que íbamos a probar el vestido a casa de Consuelo la modista? (Miguel asiente con la cabeza) (Pausa muy pronunciada). Es tu hijo, Miguel. Es tu hijo.... Nuestro hijo. FIN

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larguisimooo!
quien escribe tanto
Autor: largooo | Fecha: 21/06/2014 1:55:09

aburriidoO
muiiii aburiidiiziiziiziiziziiziiziiziiziiziimaaa
Autor: VaLeRiiThaa | Fecha: 20/04/2012 22:57:27

vientos de traicion
muy buena
Autor: manuel_1960 | Fecha: 15/07/2011 1:38:25

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