LA DAMA DE LAS TIZAS (Escrito por Diego Almansa Ortega)
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La novela como modelo de viaje

Autor/a: Tati guerra
Estadísticas Resumen
Fecha de publicación: 14/03/2013
Leído: 1298 veces
Comentarios (0)
Valoracion de la obra: 5

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La novela como modelo de viaje

Natali Guerra Steffens

 

En primer lugar, el modelo de viaje al que se adscribe la novela de César Aira: Un episodio en la vida del pintor viajero, es, en palabras de Mathieu Kessler, la de tipo expedicionaria[1], la cual se caracteriza por representar una tierra o espacio geográfico que aún no es reconocido e interpretado por la cartografía del explorador, quien se presenta como el referente central y arquetipo de este tipo de viaje. Continuando bajo la genealogía del paisaje que nos propone Kessler, es pertinente señalar la diferencia que existe entre el turista y el explorador, la cual se centra en que el turista es quien recorre el mundo de manera placentera, mientras que el explorador prosigue su viaje sin detenciones, ya que su búsqueda está orientada a un descubrimiento de tipo científico. Sin embargo, en ambos casos no se persigue cambiar la vida interior, sino, más bien, se pretende concebir el viaje como un momento más en sus vidas. Desde este punto se desprende la idea de señalar al paisaje como la medida subjetiva del espacio geográfico, destacándose como una entidad macroscópica que abarca, por una parte, la existencia del hombre y, por otra, la existencia de la ciudad[2]. De este modo, el viaje se percibirá como paisaje o espacio geográfico que representa una finalidad sin fin determinado. Es decir, se necesita de un sujeto, en este caso del explorador, que haga uso de la entidad física para no acotar ni dispersar las características físicas de su entorno y, a su vez, haga uso de una entidad final para señalar al paisaje como un proyecto sin intención determinada.

Otra característica del modelo de viaje que presenta Aira es la que se centra en la necesidad estética de la impureza, la cual permite apreciar cómo la contemplación del explorador actúa en la significación de la sabiduría, el espacio físico y geográfico contemplado. Un claro ejemplo es el que se presenta en la siguiente cita, en donde Rugendas se encarga de multiplicar sus corresponsales, entre los que destacan:

 “pintores fisionómicos y naturalistas, de ganaderos, agricultores, periodistas, amas de casa, ricos coleccionistas, ascetas y hasta próceres. Cada uno regia una versión, y todas salían de él.” [3]

Esta idea permite identificar el viaje de exploración que realiza Rugendas, quien por medio de su mirada cuenta lo que ve, un claro ejemplo de ello es cuando le señala a su hermana Luise su estadía en Argentina, en donde, describe a Mendoza como:

“una bonita ciudad arbolada y pequeña, con las montañas al alcance de la mano y unos cielos celestes tan inmutables que aburrían. Eran días de grandes calores, con los mendocinos atontados de bochorno, durmiendo siestas hasta las seis de la tarde. “[4]

 Es decir, utiliza el lenguaje para transmitir lo observado y vivido con el fin de producir relatos. Desde esta perspectiva es preciso señalar cómo Rugendas descubre, por medio del relato, el procedimiento fisionómico a partir de las repeticiones, en donde:

“los fragmentos se reproducían tal cual, cambiando a penas su ubicación en el cuadro. (…) no era fácil notarlo, (…) porque el tamaño del fragmento variaba inmensamente, desde el punto al plano panorámico (…) En el juego de las repeticiones, en la combinatoria (…) Las repeticiones: por otro nombre, la historia del arte. “[5]

De esta manera las repeticiones permitirán la calidad y obsesión de Rugendas por desarmar la máquina del saber ideada por Humboldt, permitiendo, de esta manera, la multiplicidad de los estilos que tomados de a uno eran acción.

Asimismo, el autor, nos introduce a un modelo de viaje en que se destaca el procedimiento de las intervenciones del explorador, siendo en este caso su protagonista Johan Mortiz. Rugendas quien hace uso de los procedimientos, percibidos como las reiteraciones que permiten la reconstrucción por medio de reescrituras o metalenguajes, lo cual se puede observar en la siguiente cita, en donde:

“(…) todo lo existente, (…) había sido antes y volvería a ser después, que todo participaba de un gran ciclo de renacimientos (…) el universo entero se reintegraba en la forma de un hombre (…) cada fragmento podía ser otro, y la transformación se realizaba ya no en el ciclo del tiempo, sino en el del significado.[6]

De este modo, Rugenda reconstruye el lenguaje a partir de la unión entre el viaje y la pintura, para así generar un lenguaje que exprese lo visto y observado por el explorador. Este hecho pretende mostrar la reconstrucción de los relatos, poniendo énfasis en señalar que todo es cíclico, reconstruyéndose al igual que los relatos. Es por ello que el protagonista pasa a ser una especie de fotógrafo, describiendo cuadros de naturaleza a partir de seguimientos de datos. De este modo, el viaje será percibido como una lectura- escritura, ya que se produce una iconicidad del material observado. Así, los pintores viajeros, provenientes de otras tierras, proporcionarán una mirada que permitirá descubrir un territorio geográfico, en donde la extensión de los espacios urbanos es un hecho evidente que han analizado los geógrafos y los demógrafos.[7] De esta idea, puedo desprender que la descripción naturalista sumada o unida a lo fantástico dará como resultado la teoría de la representación por medio de la escritura. Este hecho se presenta cuando Rugendas, movido por el deseo del procedimiento, ve a los indios y éstos se asustan, lo cual permite deconstruir la subjetividad literaria. Del mismo modo, Rugendas, por medio de la iconicidad, representa el relato, manifestando que la pintura es una documentación, a diferencia de lo que hacen otros artistas de la época que representan solamente la historia.

En segundo lugar, la descripción de los acontecimientos, a partir del viaje como correlato, se presentan desde el inicio de la novela, en donde se expone que los antepasados de la familia de Rugendas habían emigrado de Cataluña para instalarse en Ausburgo. Este hecho marca la vida de Rugendas, ya que, antes de nacer, su vida estaba predestinada a girar en torno al dinamismo de la emigración. Es decir, las raíces de identidad de Rugendas cobraban sentido desde lo catalán y desde allí se construye una nueva generación de Rugendas que mezcla la cultura catalana con la alemana. Esta hibridación no será casual, ya que representará la movilidad del personaje con la iniciación de sus expediciones al continente americano a la edad de veinte años. De esta manera, el protagonista documenta gráficamente los hallazgos que hicieran y los paisajes que atravesaran con el barón Langsdorff.

Posteriormente, la novela nos relata el accidente que sufre el bisabuelo de Rugendas, el señor Georg Philip Rugendas, a quien se le atribuye ser el iniciador de los pintores rugendianos tras perder en su juventud la mano derecha. Este acontecimiento muestra el cambio de oficio del bisabuelo de relojero a pintor de representaciones de batallas, y con ello, plasma en la vida del protagonista el rumbo complementario de pintar la naturaleza, de los viajes que realiza, con su vocación viajera fundamentada en las dos expediciones a América que realiza. Bajo esta mirada de excursiones, es donde surge la necesidad de documentar lo que se observa por medio de publicaciones que siguen una línea descriptiva de la fisonomía del lugar, ya no como un historiador, sino, más parecido a la de un geógrafo por la fuerte influencia de su inventor Humboldt, siendo el Viaje pintoresco por el Brasil, redactado por Víctor Aimé el comienzo de su publicación de las expediciones a América. Como lo mencione en un comienzo del escrito, la necesidad de tener interlocutores para narrar las exploraciones de Rugendas era fundamental, ya que eran éstas las que permitían, por medio del epistolario de cartas, unir diferentes realidades bajo la mirada descriptiva del joven Johan Mortiz. De esta manera, la presencia de interlocutores da lugar a la teoría de la escritura, en donde el discurso, por medio de los procedimientos, recobra vida en la traducción de los fragmentos, permitiendo dar cuenta de los acontecimientos como dice Humboldt en diecinueve pasos. Así, el discurso dará cuenta de cómo se construye el procedimiento de la literatura contemporánea a través de las reescrituras. Un claro ejemplo es cuando Krause ve su propia revelación tras la vergüenza sufrida por la mezcla de la clasificación de escena que hacía Rugendas, observándose un cambiando de lenguaje, en donde el narrador realiza la misma obsesión del protagonista por fijar la acción en el paisaje. Del mismo modo, el accidente se presentará como un hecho verosímil, cambiando la realidad en que se sitúa Rugendas, para dar lugar al relato fantástico o de ficción, percibiendo al viaje como la dialéctica entre la verosimilitud y la ficción, ya que sus obras se plantean desde el documento que, por medio del procedimiento, construyen la reescritura de los relatos.

Otro acontecimiento que refleja al viaje como correlato es la representación de la racionalidad del viejo mundo y la representación de la irracionalidad del nuevo mundo. Este accionar muestra cómo Rugendas va perdiendo la percepción del mundo, transformándose en un sujeto exótico. De esta manera, la novela nos inserta el cambio de paradigmas por medio de las imágenes desde el impresionismo al realismo. Un claro ejemplo de ello es cuando Rugendas le contaba a Krause sus visiones, las cuales consistían en pesadillas que se conectaban con la realidad, por ejemplo cuando la cara de Rugendas no respondía a su sistema nerviosismo, sino los hilos que sujetaban su rostro se movían por sí mismos. Estas pesadillas son, a su vez, las que permiten enlazar el correlato del viaje con la novela, ya que es la morfina acumulada en el cerebro de Rugendas la que lo hace volver a pintar, permitiendo la movilidad y desplazamientos del relato a partir del alivio que sentía el protagonista, dando lugar a la orden de representación, la cual procedía del cerebro a modo de representar los dibujos desde lo amorfo, siendo movido por la morfina que actúa como un yo, despojando a Rugendas de su yo y de los rasgos que le pertenecían, mientras que el procedimiento seguía actuando por él. Asimismo, la memoria se presenta como otro mecanismo que da lugar al viaje como correlato, ya que, la fuerza de impresión que ésta provoca afecta a Rugendas, suscitando en él las visiones y recuerdos, señalando que el arte es eterno, y, por ende, la muerte no le afectaría, pues después de él vivirán sus pinturas como legados eternos en las imágenes.

En tercer lugar, los contenidos que resumen el seminario son principalmente la literatura de viaje vista como un correlato que representa la imagen y la palabra por medio de giros icónicos y lingüísticos. Asimismo, se señaló que en el viaje era necesaria la mirada con el otro, destacando las implicancias y alteraciones que representa en el desarrollo de la alteridad. Así, la literatura de viaje representará la mirada de otro, iniciando la cátedra con el tema tópico del viaje que se presenta en la Odisea, desprendiendo de ella lo inmaterial virtual, el espacio territorio y lo físico material, aludiendo a la idea de que siempre en el tema del viaje se refiere a un relato, ya que la historia es una construcción de ellos. De esta manera, los relatos se resignificarán por medio del espacio cibernético, dando lugar a dichas representaciones del espacio a partir de lo inmaterial y virtual. Asimismo, la literatura de viaje representará las historias de relaciones, por medio de la figura del explorador, quien conquista y reconquista el paisaje como territorio y espacio de resignificación de la figura de la otredad. Para complementar este contenido, fue necesario leer diversos textos que dan muestra de la temática del viaje, como lo fueron: Un episodio en la vida del pintor viajero, en donde se expone cómo desde una mirada contemporánea se pasa a una visión moderna, por medio del explorador, el segundo texto fue Un juez rural, destacándose el paso de lo rural a lo urbano, luego se analizó Las ciudades invisibles, destacando el sistema de relatos y , finalmente se analizó el imperio de los signos, el cual se refería a Japón, mostrando al viaje desde dentro del territorio nacional.

Otro punto a destacar son los modelos de viajeros que se presentan en la literatura de viajes, los cuales corresponden al conquistador, el aventurero, el explorador y el turista, quienes por medio de la expiación nos proporcionan un conocimiento a partir de los tipos de textos que reflejan las diferencias intertextuales que se van construyendo. De esta manera se desemboca en el paisaje insitu de la descripción como lo señala Cezzone, el cual actúa como un tránsito o recorrido de interpretación que permite entender al texto como un tejido de sentidos.

 Finalmente, se presenta la historia desde el punto de vista del cine y la literatura, señalando la intertextualidad de la palabra y la imagen que confluyen en el viaje de conocimiento, en donde encontramos mecanismos como el territorio, los mapas, la cartografía , los arquetipos , los imaginarios y los archivos que logran la intertextualidad temporal. De esta manera, será el paisaje el que construye un espacio en la literatura de nuestro país, interpretando las representaciones que se realizan dentro y fuera del límite del marco, permitiendo vislumbrar un itinerario de orden cronológico en que se construye la tipología de los viajeros. Así, el tema del conocimiento de la literatura de viaje pasará por el recurso retórico de la cita. También se analizaron diversas obras, como por ejemplo: las de Alberto Valenzuela Llanos, Enrique Samudio, N. Vavarench, B. Subercaseux, entre otras, mostrando las diversas expresiones que van desde la pintura de un campo de luz y color a expresiones insitus como las de Carlos Altamirano.



[1] Cf. Mathieu Kessler: El paisaje y su sombre. Universitaria, Santiago-Chile, p. 20.

[2] Cf. Ibíd., p. 17.

[3] Aira, César: Un episodio en la vida del pintor viajero. Lom, Santiago-Chile, p. 47s.

[4] Cf. Ibíd., p. 21.

[5] Cf. Ibíd., p. 21.

[6] Cf. Ibíd., p. 49.

[7] Auge, Marc: El viaje imposible. El turismo y sus imágenes. Gedisa, p. 127.






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