Exentos (Escrito por DamaDel67)
La quietud de la inquietud avasalla, arrasa, atropella. Paraliza emociones, destruye razones. La quietud de la inquietud es un túnel...
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Estado Alfa - I

Autora: Helena Matthews
Estadísticas Resumen
Fecha de publicación: 07/12/2009
Leído: 1872 veces
Comentarios (0)
Valoracion de la obra: 5

Capitulo I de Estado Alfa, como autora no soy muy buena escritora, por lo que problemas de redaccion son muchos y no es la mejor obra del universo asi que criticas constructivas no destructivas, esta historia es por mera diversion. Es una historia de ciencia ficcion/fantasia, narrado por un joven donde el y otros personajes mas tienen poderes extraordinarios.

PROLOGO

 

Y la noche callo. Nos encontrábamos en los pies del edificio más alto de la ciudad, Titanium corp. Los cinco chicos, ubicados en lugares estratégicos, esperamos impacientes que el Combate al Cielo comenzara. Hacia frio, claro era invierno, y a pesar de eso todos traían ropa ligera, era más cómoda que un abrigo claro esta. La mayoría traía pantalones cortos, o jeans delgados, unas camisetas livianas y un polerón con capucha también delgado. Lo mas característico de todos era una botas estilo militar, excepto Jorge y yo.

Es suelo frio se estaba escarchando y pronto seria media noche, la hora en que el combate comenzaría, pero no había rastros del otro equipo. Ya cuando daban las doce, el silencio reino, los nervios se sentían en el aire, y una oscuridad profunda  callo sobre nosotros. La luna se escondió tras una nube negra, y vagamente se distinguía algo.

Unas siluetas extrañas aparecieron en la parte mas alta del edificio, no se lograba ver nada pero claramente era el equipo contrario.

La nube se disperso y la luz de la luna reflejo los rostros de nuestros contrincantes, mi cara se desfiguro al ver quienes eran en realidad, y sobre todo la persona que estaba en el centro, de pie, y mirándome con algo de furia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA VOZ

 

Marzo, la gente regresaba a sus actividades normales, bastante agitados, con rostros algo tristes porque sus vacaciones habían terminado. Mucha gente en las calles, a pesar de ser pasada las 5 de la tarde. Aun hacia calor, pero claramente no los 35 grados Celsius que hacían en pleno Enero, y había mucha gente que seguía vistiendo pantalones cortos, y camisetas sin mangas, sandalias y adornos veraniegos.

Yo me encontraba sentado en uno de esos pequeños asientos de color naranjo que son bastante incómodos para una persona como yo, y me costaba mantenerme a gusto durante el viaje, me dolían los huesos al estar sentado, eran bastante duros.

No llevaba ni cinco minutos en el vagón del metro cuando todas las personas comenzaron a observarme como bicho raro, quizás era porque me había sacado un zapato en pleno metro y me había puesto a observarlo con detalles y a arreglarlo un poco, que más bien parecía que solo lo tocara.

Se abrieron las puertas del metro en la estación terminal Los Dominicos, me coloque el zapato de nuevo y baje lentamente con mi bolso hacia las escaleras mecánicas que no hace mucho que estaban inauguradas. Salí a la superficie, aun había luz.

Era un día agradable, esos días de fin de verano que aun se siente el calor del sol, pero cuando cae la noche comienza a hacer algo de frio, comienza a correr una brisa fresca y las hojas de los arboles comienzan poco a poco a cambiar de color preparándose para el otoño. No son mis días favoritos, la verdad prefiero el verano, pero son cosas que no puedo evitar. Me dirigí hacia el semáforo para cruzar la calle principal, Una calle ancha y una de las pocas calles de la ciudad que no tiene una autopista sobre o bajo ella, por lo que se podía apreciar los arboles, casa y edificios que había en la zona. Ya comenzaban a encenderse las luces de la calle para evitar la oscuridad de la noche y permitir que peatones como yo lleguemos seguros a nuestros destinos. Me reí para mis adentros al pensar en estas tonterías.

Espere que el semáforo peatonal cambiara para poder continuar mi camino sin mayores complicaciones. Cuando pretendía avanzar la persona delante de mí, un joven bastante más alto que yo, robusto, no avanzó al cambiar la luz a verde, y sin mucho remedio tropecé con el.

-  ¡Hey! ¡Ten mas cuidado!- dijo el pelmazo frente a mi que tenia una mirada ruda y amenazadora.

-  Tú te cruzaste yo solo avance como dice el semáforo  -  y apunte al dibujo del semáforo en verde en que aparecía un hombre caminando.

- ¿Te estas burlando de mi?-  me amenazo con el puño esperando que me disculpara con el.

Me aleje un poco del mastodonte para darle señal que no quería pelear con el. Se volteo para mirar la calle de nuevo, pero el semáforo comenzó a parpadear. El mastodonte de enfrente no se movió, así que lo empuje, y trate de avanzar rápido para cruzar la calle antes que el semáforo diera rojo. Cuando me encontraba a mitad de la calle, un auto hizo sonar la bocina, venía rápidamente hacia mí sin considerar que no debía avanzar aun. Me quede perplejo unos segundos hasta que se me ocurrió una maniobra arriesgada para salvarme de ser atropellado por un Audi que venia a toda velocidad.

Me agache rápidamente, para tocar con mi mano, el talón de mi zapato, y ágilmente, rechace con ambos pies elevándome casi tres metros de altura evitando un fatal accidente. Disfrute el volar unos segundos mientras el impulso con el que había saltado se iba deteniendo poco a poco. Giré en el aire para poder llegar al otro lado de la calle y caer con gracia al suelo sobre mis dos pies como si nada hubiera pasado. Al parecer mucha gente me observaba así que volité a ver la calle.

El joven mastodonte, creo que ya le había puesto nombre aunque se que no lo vería nunca mas, observaba la escena con una cara atónita.

El Audi que casi me atropella quedo cruzado en plena calle causando un desastre, todo por frenar bruscamente al verme a mí en su camino. Mucho ruido y bocinas sonando a las cuales no les di mucha importancia.

-          creo que cause un gran estrago  -  me reí para mis adentros acomodándome un poco el pelo que se había desordenado con el salto, y tome el autobús que justo llegaba al paradero.

Ya era normal ver los buses color blanco con verde dando vueltas por la ciudad, antes el sistema era bastante lento, pero eso había cambiado, ahora el viaje era mas expedito, sin tanta gente por bus, con calor, y molestos. La verdad es que yo hubiera preferido utilizar otro medio de trasporte más eficiente, pero en esta ciudad aun no están acostumbrados a ver gente saltando por los tejados de las casas y las azoteas de los edificios, menos alguien como yo que me veo bastante delgado y no con mucha fuerza física.

El bus continúo su camino por la calle principal algo lento por el desastre automovilístico que yo mismo había causado, y doblo en una esquina para seguir su recorrido habitual.

Llegada a la intersección de Padre Hurtado con Vitacura, me baje el paradero de la esquina dispuesto a caminar hacia mi destino.

Continúe por unas calles pequeñas con nombres sencillos, pensando en cualquier cosa, como siempre, hasta llegar al lugar que me dirigía. Frente a mi había una casa simple, de un piso, raro en estos tiempos, las casa pequeñas ya casi no existían, y los edificios abundaban cada cuadra. La morada tenia una reja negra con unas pequeñas maderas en sentido horizontal que adornaban la entrada, además de las Ligustrinas que delimitaban la propiedad. La reja peatonal estaba abierta, y había un auto negro en el estacionamiento de la casa.

Entre en la residencia como si fuera mi propia casa y antes de llegar a la puerta principal tropecé con un gato de color anaranjado, con rayas marrón y ojos azules.

-         ¡ Ha! Shin! me asustaste  -  y abrí la puerta lentamente dejando que el entrara primero que yo a la casa, mal que mal, era su casa no la mía.

Me dirigí al living donde me reuniría con el dueño de casa que estaba cómodamente sentado en uno de sus sillones.

Un joven de estatura algo más baja que yo, de tez morena y ojos marrones, con el pelo de color negro y corte militar que me miraba atentamente.

El gato se subió en sus piernas para aclamar por cariño, y su dueño esbozo una sonrisa hacia mí.

-  Al fin has llegado -  dijo el joven sentado en el sillón.

-  Si, recordaba la ciudad de manera distinta, pero tu casa no ha cambiado nada -  conteste mientras me sentaba en otro sillón que estaba en frente de el.

Pocas cosas habían cambiado desde la última vez que había entrado aquí como algunos adornos, la alfombra, he incluso la mesa del comedor, pero el resto seguía como siempre, el color de las paredes, el tapiz de los sillones, hasta esa sensación a humedad que a veces tenia la casa después de las primeras lluvias de otoño.

-  bueno ya lo debes saber - volvió a hablar el dueño de casa. - han mandado un mail con la información -.

- si, lo leí en el camino, habla del gran día ¿no?-.

-  así es - se levanto a servir unos vasos con algo de gaseosa para los dos. - ¿aún te gusta la Limón Soda no es así?

Asentí con la cabeza.

- bueno supongo que no solo el mail te aviso- volvió a su asiento y extendió el vaso hacia mí.

- si te refieres al sueño, si, fue hace una semana.

Bebimos en silencio y trate de recordar aquel sueño que se quedo grabado en mi memoria.

Un día cualquiera de mis vacaciones, después de reparar ciertos aparatos electrónico, un pasatiempo estúpido que tengo desde que naci, me dirigí a dormir una pequeña siesta. Después de unos minutos comencé a soñar, pero no era como los sueños que he tenido anteriormente, éste no tenia ni color, ni algún fondo o algún propósito, no habían personajes, ni nada, solo yo, yo y mis pensamientos, mi subconsciente. Lo único que podía ver era una línea, de color anaranjado, brillante, como de neón, que se movía como una onda. La onda Mu. De pronto la onda cambio aleatoriamente, descontrolada, como si demostrara un sufrimiento, y oí una voz dentro de mi, que no era precisamente la mía. 28-08-2028. Después de eso desperté bastante agitado, algo consternado por aquel sueño extraño y sobre todo, en aquella secuencia de números.

Escuche el maullar del gato, que me desvió de mis recuerdos. Bebí un poco mas de gaseosa acabándomela.

- Hey Ian - el Joven de pelo negro alzo la cabeza hacia mi -  ¿qué crees que signifique este sueño?-.

- La verdad no se, sin duda esos números son una fecha, la del día programado, pero aquella línea....no sabría decirte.

Ian era bastante preciso para hablar si sabia algo lo decía directamente sin rodeos, pero no es muy hablador, siempre permite que los otros hablen antes que él. Después de unos segundos de silencio, me percate que estaba mirando mis pies con mucha atención.

- ¿zapatillas nuevas?

- así es - le sonreí-  ¿quieres verlas? - y dicho esto me saque uno de los zapatos desabrochando con cuidado los cordones y pasándosela en sus manos con mucha delicadeza. Desde que tengo memoria que cuido muchísimo mis zapatillas, trato de mantenerlas como nuevas siempre, aunque en una ciudad como esta llena de tierra es algo complicado.

La observo por varios momentos, apreciando todos sus detalles, el diseño y el color.

Era una zapatilla común, con suela plana y punta redonda, de cuerina muy suave y con colores vivos, naranjo, azul eléctrico y blanco, mis colores favoritos. El diseño era simple, aunque tenía un pequeño detalle en el lado externo de la zapatilla, cercano al talón. Un circulo color Naranjo vivo que mas que un adorno parecía un botón. Pasó sus dedos por el botón sin presionarlo, sabía que si tocaba algo causaría algún alboroto, pasa con la mayoría de mis pertenencias, e Ian lo sabía perfectamente.

- esta muy bien -  dijo el moreno pasándome el zapato de vuelta el cual me puse de inmediato

- claro, lo hice yo.

De pronto se escucho un auto que se acercaba por la calle, con música electrónica a todo volumen, el motor del automóvil retumbaba con fuerza haciendo que toda la cuadra se percatara de su presencia. Se apago la música y el motor, se escucho el cerrar de la puerta del auto y luego una alarma, por ultimo el timbre de la casa de Ian.

Mi compañero se levanto del sillón y se dirigió a la puerta para abrirle al nuevo invitado.

-         ¡¡no hay pan para los paisas!!-  le grito al recién llegado mientras se reía y se acercaba a saludarlo con un apretón de manos y un abrazo grande.

-         siempre tan feliz de recibirme-  rio el invitado, que mas bien grito.

Entro y me saludo de la misma manera que a Ian.

-         ¡Buenas Pablo, tanto tiempo!-

Jorge tan energético como siempre, que seguía de la misma altura que siempre, y con el pelo algo más largo, y revuelto de la última ves que lo vi, solo que ahora usaba sus lentes para todo, no se los sacaba nunca, "ni para ir al baño" como dice el.

- ¿acaso creciste?-  me pregunto el alocado Jorge, que se sentó en el sillón junto al mío. Traía una camisa negra con rayas delgadas verticales, unos jeans grisáceos algo anchos, y unas zapatillas azules, casi celestes, que no las cambiaba hace 5 años.

- no para nada-  me levante para medirme a mi mismo burlándome un poco.

Hace ya 3 años que no crecía, incluso mi pelo dejo de crecer, y se quedo corto, y revuelto, ya me era difícil peinarlo como yo quería. Mi ropa seguía siendo la misma, o mas bien mis gustos. Una polera simple de color negro con un estampado blanco que hacia contraste, unos jeans azules desteñidos que estaban gastados en los bordes de los talones porque tiendo a arrastrar los pies, y las zapatillas de colores.

Ian le ofreció un vaso a Jorge y conversamos de un par de cosas, los años sin vernos, la gente que conocimos y ya no están, o la familia, cosas sin mucha importancia. Ian nos contaba de sus viajes de práctica y sus combates en la fuerza aérea, piloteo todo tipo de aviones mientras nosotros, los paisas como nos dicen a los civiles, hacíamos nuestras vidas normales, o casi normales en nuestro caso. Jorge trabajaba de productor en canales de televisión, por lo que el medio de las comunicaciones y las informaciones son su vida y nos conto todo tipo de cuentos y chismes que ocurrían con el resto del mundo que a mi en lo particular no me interesa.

-         ¿te llego el mail con el aviso del gran día? - le pregunte a Jorge, quien abrió los ojos algo sorprendido y me hizo dudar, no se si no vio el mail o no lo recibió, o quizás era una broma de mal gusto.

Hubo un silencio incomodo un momento, solo se escucho el cascabel de Shin que salía por la ventana.

Luego el joven con lentes de borde delgado me miro y sonrió vilmente.

-         si-  respondió a secas y se rio a carcajadas de mi por haberme preocupado por una simple mofa.

Y volvió a reinar el silencio.

Ninguno quería comenzar a hablar del tema, no era algo que supiéramos con exactitud, todo lo que nos habían dicho era tan trivial y con poca base todo era rumor, incluso el mismo mail, que no sabíamos de donde o de quien provenía. Casi no decía nada, solo tenia escritos unas pocas palabras.

"28-08-2028, el gran día se acerca.

Después de la batalla la unión prevalecerá"

Y estaba firmado por alguien que se hace llamar Exel. Pasaron unos quince minutos aproximadamente hasta que Ian decidió hablar del tema.

- Bien, ¿que se supone que es lo que esta pasando aquí?

- los rumores dicen que el gran día es una especie de guerra o batalla- argumento Jorge.

- pero ¿contra quien?

- no se sabe, quizás algo desconocido que solo aparecerá ese día.

- y ¿que quiere decir "después de la batalla la unión prevalecerá"?

Volvió a reinar el silencio. Obviamente la respuesta no existía.

- ¿que debemos hacer ahora?-  dijo Jorge para continuar el tema.

- Buscar a los demás-  Ambos me miraron con ojos curiosos por lo que acababa de decir, pero algo en mi cabeza insistía en el echo que no estamos solos en esto.

Levante la vista hacia los dos chicos que aun esperaban saber a que me refería, y después de vacilar un poco hable.

- a los otros dos, los que faltan en nuestro equipo.

 

 

 

Después de unas horas de hablar de temas comunes, mas unas cuantas risas y burlas a noticias actuales y farándula, que Jorge estaba muy familiarizado, y unas cuantas historias de guerra contadas por Ian, decidimos que ya era tarde y había que regresar a casa.

Nos despedimos dejando fijado un día para volver a encontrarnos e ir en busca de los otros dos chicos que faltan en el grupo. Salimos de la casa, ya bastante más de noche, casi media noche para ser exacto. Al abrir la puerta principal el gato salió corriendo para treparse a la pandereta de la casa de al lado, Luego salto ágilmente para llegar a un poste de luz y trepo.

-  ahora no volverá hasta mañana-  rió entre dientes el chico con corte militar.

Salimos por la reja riéndonos lo más silenciosamente posible por que ya era muy noche y no queríamos despertar a toda la cuadra con las risas, que son un poco estridentes generalmente y ya varias veces nos ha pasado que tanto los dueños de casa como los vecinos se quejan de nosotros.  

Jorge ofreció dejarme en mi apartamento, al cual asentí con la cabeza y le di las gracias. En estos tiempos era normal que jóvenes de 20 años como nosotros viviéramos solos en un apartamento o casa pequeña. A la mayoría de edad salíamos de la casa para estudiar, trabajar, o lo que sea, ya no dependíamos  de nuestros padres. Para nosotros tres había sido fácil salir de casa. Jorge había conseguido un departamento en el cual podía hacer sus rodajes de documentales y notas faranduleras en las que trabajaba hace ya algunos años. Ian, que había entrado a la fuerza aérea, iba poco a casa, pero de todas maneras sus padres, por asuntos de trabajo, viajaron a Australia y le dejaron la casa para el solo. En cuanto a mi, fue al revés, yo viaje a estudiar a EEUU y cuando volví compre un departamento de estudiante en un barrio tranquilo y seguro.

Me subí al auto de Jorge, un auto que al parecer era un modelo nuevo, color azul eléctrico, un modelo de la línea de los Imprezas, de Subaru. Encendió el auto y la música se escucho a todo volumen, lo disminuyo rápidamente para no despertar a nadie mientras avanzábamos por la calle.

Nos dirigimos a la entrada de una de las carreteras elevadas que ahora cubrían las calles comunes de la ciudad. Jorge acelero el auto casi a la máxima velocidad, y los objetos que veía por la ventanilla comenzaron a verse borrosos y ya no distinguía nada, solo luces.

Tomamos la salida a Camino del Alba hacia la calle donde se encontraba mi edificio. Era una calle pequeña, simple, pero que ahora estaba llena de edificios y condominios, antiguamente existían plaza, arboledas y paseos peatonales con mucha iluminación y caminos amplios, ahora solo quedan aquellos paseos, algo deteriorados.

Me baje del auto y me despedí de Jorge por la ventanilla y pronto desapareció a toda velocidad doblando en la esquina. Me dirigí hacia el edificio apurando el paso ya que comenzaba a hacer algo de frio.

El hall aun estaba iluminado y el portero me saludo como siempre, a pesar de que hacia unos meses que no venia a casa. Le devolví el saludo amablemente y me entrego la correspondencia atrasada, que eran solo cuentas como la luz o el agua, que a pesar de toda la tecnología que ya existía y que todo lo enviaban vía internet, aun estas cosas se entregaban en papel, ya que muchas personas saturan sus correos electrónicos y olvidan leer los mails de las cuentas por lo que no las pagan a fin de mes.

Pulse el botón para llamar al ascensor y espere que abriera sus puertas para dirigirme a mi apartamento en el piso 15. Subí en el ascensor de cristal, característico por tener una vista maravillosa de la ciudad, aunque sus luces se veían algo opacas por el smog. Hace muchísimos años que los proyectos de descontaminación ambiental no funcionaban y los índices de suciedad en el aire seguían aumentando. Ninguno de los presidentes ni presidentas de este país pudo realizar un buen proyecto y la gente estuvo molesta muchísimo tiempo, además de todo tipo de enfermedades y personas que fallecían al no poder respirar bien. Pero para mi agrado, la tecnología permitió que las personas se adaptaran al aire de Santiago, y ahora nadie reclama por lo que el smog continua, pero se detuvieron las muertes y eso le basta al gobierno para dejar de hacer las cosas.

Salí del ascensor con mi bolso en mano y camine por un largo pasillo hacia mi departamento que se encontraba al final de este. Busque mis llaves entre mis cosas y entre a mi casa con un pesar en mi caminar ya que estaba algo cansado, y vi cuan desordenada estaba la sala de mi departamento. Había un montón de cables negros y rojos, metales de todos tipos y tamaños y tornillos revueltos por todo el piso del lugar, además de las herramientas que estaban estorbando en el pasillo e impedían caminar.

Deje mi bolso en la entrada de mi habitación y me recosté en la cama. Como no sentía sueño comencé a ordenar las cosas que tenía regadas en la sala, por lo menos para que no estorben en el camino. Enrolle los cables con cuidado, junte los tornillos en una cajita transparente casi ordenándolos por tamaño y si eran para destornilladores en línea o en cruz, y moví todos los pedazos de metal a un rincón cerca de la ventana que se encontraba abierta.

Cuando ya estuve más o menos conforme con el orden que cree, me senté en la ventana de mi habitación a buscar en internet algo de información.

Saque una pequeña laptop, que cada día son más pequeñas estas cosas,  y entre a diferentes páginas de internet a ver si podía resolver todas las dudas que tenía en mi cabeza en este minuto, pero cada vez que lo analizaba nuevamente, aparecían más dudas.

Lo primero que busque fue Exel, por si encontraba alguna información relacionada con el ente que nos envía los mails sobre el gran día, pero solo pude encontrar información sobre un programa ya obsoleto de estadísticas y planillas, Microsoft Exel, ni cerca de lo que yo buscaba. Luego paso por mi cabeza la idea de que quizás Exel fuera un seudónimo, así que desistí de buscar.

Aun confundido apague la computadora y me senté en el marco de la ventana que estaba abierta y observe la vista desde el quinceavo piso del edificio.

La brisa que corría era bastante agradable, pero con muy poca fuerza, el viento no era algo común en esta ciudad y cada vez que había algún viento con más velocidad los arboles se quebraban por la mitad y causaban estragos en las calles y en las casa deteniendo el trafico o dejando una familia damnificada.

Cerré los ojos y deje caer una de mis piernas por fuera del edificio. De pronto mi mente se puso en blanco, como en un estado hipnótico, y cuando por fin pude recobrar lucidez, había saltado por la ventana he iba cayendo a toda velocidad sin remedio. Trate de acomodarme la ropa que por la velocidad en la que caía se me iba a la cara y no me dejaba ver absolutamente nada.

Ágilmente tome con una mano mi tobillo derecho hasta llegar al botón de mi zapato y rechace sobre la pared de mi edificio para volar directamente a la azotea de otro edificio que se encontraba en frente de mí. Caí torpemente, no estaba preparado, así que destruí un poco el cemento del techo, levantando los pedazos de este dejando un rastro por donde resbale al caer. Mire el desastre y me revolví el cabello un poco, sacando algo de escombro de él. Rápidamente volví a saltar entre edificios grácilmente sin bacilar por las grandes alturas que me separaban de suelo, hasta detenerme bruscamente sobre el techo de un rascacielos. Mire al horizonte unos minutos tratando de escuchar la brisa que corría esa noche.

Vagamente podía escuchar una voz, muy similar a la que escuche en aquel sueño.

"28-08-2028"

Al parecer me llamaba, me guiaba hacia algo.

Cerré los ojos para tratar de enfocar mis sentidos a aquella sensación.

-         ¿por qué?-  murmuraba la voz en mi cabeza. - ¿por qué eres el único que me escucha?-

Abrí los ojos, la voz no solo estaba en mi cabeza si no que la escuchaba realmente en ese momento, cerca de mí, como si prácticamente estuviera susurrándome en el oído. Mire a todos lados buscando algo, algún radio, onda electrónica o lo que sea que estuviera metiéndose en mi cerebro y hablándome.

-         ¿por qué tú y los demás no?-  repetía la voz que se hacia cada vez mas fuerte mientras enfocaba mas y mas mi atención en ubicar de donde provenía.

Ya desesperado comencé a saltar entre edificios de nuevo mientras la voz se hacia mas clara, y me detuve al ver a lo lejos, otro rascacielos.

De ahí provenía  la voz, del techo de aquel edificio. Trate de acercarme pero algo me lo impedía, por lo que trate de enfocar mi vista para observar aquel lugar.

Volví a escuchar la voz, y cerré los ojos para acentuar mi audición y poner atención a lo que decía.

-         sé donde están todos, pero tu eres el único que responde.-

Una imagen en mi apareció en mi cabeza, una silueta negra, al parecer una mujer, quizás la dueña de la voz que daba vueltas en mi, y sentí una intensa mirada. Abrí los ojos espantado, una mirada peligrosa, que realmente no quiero volver a sentir. Era como si aquella mirada me odiara, pero ¿Cómo era posible? Ni siquiera comprendía que estaba pasando ni quien me hablaba y aquella mirada me quería lejos. La amenazante mirada me aterro un poco, quizás eso fue lo que me impidió acercarme al rascacielos de donde provenía la voz, y la verdad es que no quería saber de quién era la mirada en ese momento, si es que me volvía a ver de esa forma.

Regrese a mis cabales moviendo mi cabeza un poco, cerrando los ojos fuertemente y revolviéndome aun más el pelo. Dirigí mi mirada nuevamente hacia el rascacielos, pero ni la silueta, ni la voz en mi cabeza estaban presentes, habían desaparecido. Note que tenía algo de hambre, y estaba amaneciendo. Como había llegado recién a la ciudad mi refrigerador estaba vacio, así que salte un par de edificios más y busque algún lugar donde conseguir algo se desayunar.  En unas calles con largos paseos peatonales y algunas bancas de plaza que se encontraban en las veredas, encontré una máquina expendedora de café. Revise mis bolsillos y no llevaba nada de dinero, suspire algo molesto porque había olvidado mi billetera en casa, y volteando a ambos lados para verificar que no hubiera nadie, puse mi manos sobre el cristal de la máquina y espere a estar seguro de lo que buscaba, una clave.

Luego diestramente pulse los botones ingresando la clave que aquella maquina me había dado, y pronto salió un vaso de cartón que se estaba llenando con café. Lo mismo hice con algunas maquinas de comida sacando algunos dulces y emprendí mi regreso a casa. Ya me había acostumbrado a este modo de vida, conseguir cosas si pagar por ellas, pero claramente no era “normal” para las demás personas así que deje de hacerlo por un tiempo. Esto fue la excepción claro está, necesitaba la comida, moría de hambre.

Al llegar a la calle de mi edificio mire hacia mi ventana en el quinceavo piso y di unos pequeños saltitos preparándome para rechazar fuertemente y alcanzar a duras penas mi ventana. Me trepe con pocas fuerzas hacia adentro y caí sobre mi cama exhausto.

A pesar que el sol estaba saliendo y sus rayos de luz entraban por mi ventana, cerré los ojos y me quede profundamente dormido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un rayo de luz llego directamente a mis ojos despertándome. Como no había  cerrado las cortinas, la luz del sol que aparecía entre los edificios me ilumino la cara obligándome a abrir los ojos algo malhumorado. Parecía que había dormido cinco minutos, pero ya era pasado medio día. Me levante con mucho pesar y arrastrando los pies, con aun los ojos entrecerrados, me tambaleé hasta el baño evitando golpearme con la pared y me lave tanto la cara como los dientes para poder ir despertando. Vacile un poco antes de escupir la pasta de dientes en mi boca y enjuagarme con agua del grifo. Busque torpemente mi toalla y secarme el rostro. Me quede pensativo unos momentos mirando el espejo sin ningún motivo alguno, desvié la vista hacia la ducha y abrí el agua caliente. Me quite la ropa que llevaba desde el día anterior, ya que no tuve las fuerzas necesarias para ponerme pijama antes de dormirme anoche.

Entre en la ducha con algo de cuidado ya que aun estaba un poco dormido y no sabia si mi cuerpo reaccionaría al perder el equilibrio o resbalarme en la  loza de la tina. Gradué un poco el agua hasta que estuvo a mi gusto y comencé a mojarme el pelo. Me quede quieto unos momentos sintiendo como las gotas recorrían mi cara, todo mi cuerpo hasta mis pies, esperando que el agua pronto me hiciera reaccionar poco a poco. Cerré los ojos y disfrute de mi ducha.

Mi mente comenzó a divagar, aquella línea anaranjada volvió a aparecer en mis pensamientos. Comenzó a ondear al igual que la última vez que soñé con ella y pronto volví a escuchar aquella voz. Melodiosa y tranquila, volviendo a preguntar "porque". Me concentre completamente en ella, olvidando que seguía en la ducha sin moverme. No se que hizo esa voz en mi, no se porque solo yo puedo percatarme de su presencia, lo que si estaba seguro, es que su armonía y paz, me cautivo. Era como si al oírla todo mi cuerpo se relajara, o quizás era por el efecto que producía el agua caliente de la ducha, es como si estuviera en una nube, flotando, volando, libre. Sin darme cuenta comencé a sentir agrado por aquella voz misteriosa, como si estuviera conectado de alguna forma con ella, como si la conociera de hace mucho tiempo. Quería volver a oírla, no solo imaginarla, sentirla, atenderla con todos mis sentidos y dejarme guiar por ella, conocerla, o por lo menos saber de quien es. Comencé a darme cuenta que la voz coincidía con la ondulación de la línea anaranjada de mis sueños, como  cuando se habla por un micrófono y las ondas de la canción se grafican con una línea. Tratando de volver a la realidad, pase mis manos fuertemente  por mi pelo haciéndolo hacia atrás y dejando que las gotas recorrieran mis ojos, mis mejillas, labios hasta bajar por mi cuello. Intente olvidar un momento la onda sonora y me apresure a lavarme para ir a desayunar. Cerré el grifo y me seque con cuidado y lentitud. Envolví la toalla en mi cintura y salí del baño para entrar a mi habitación. Abrí mi closet y elegí una polera color verde manzana y unos jeans azules casi nuevos, unos calcetines verdes y mis zapatillas. Me revolví el pelo mientras avanzaba hacia la cocina y volver a darme cuenta de que no había nada que comer. Abrí y cerré todos los estantes de la cocina buscando alguna cosa que hubiera servido para calmar el ruido de mi estomago, pero no encontré nada en absoluto, así que no tuve más opción que salir a comer a fuera. Busque mis cosas y revisé si llevaba dinero y celular, salí de mi apartamento y cerré con llave la puerta.

Como ya era hora de almuerzo, camine varias cuadras buscando un lugar donde pudiera comer por algunos pesos, solo tenia unos pocos billetes, y no me gusta pagar con tarjetas de crédito como la mayoría hace últimamente, es como si no gastara nada y después, cuando llega la cuenta, sufres por todo el dinero que debes. Entre a un local de comida rápida y pedí una hamburguesa simple y una bebida, la cual me comí sentado en una de las mesas del local junto a la ventana que daba directamente a la calle. Los autos pasaban en un día normal, no había mucha gente, pero igual había tráfico. Algunas nubes cubrían la luz del sol por unos instantes haciendo que los edificios dieran sombras a las calles donde muchas personas y algunos estudiantes paseaban tranquilamente.

Después de comer lentamente y quedar completamente satisfecho, decidí ir a un supermercado y poder llenar mi refrigerador.

Compre una larga lista de cosas como para un mes entre cosas esenciales como azúcar, sal, te, pan o esas cosas; y cosas para limpiar como detergente, jabón shampoo. Camine con las bolsas de regreso a casa algo molesto porque ya estaba cansado y me dolían un poco las rodillas. Mire a ambos lados en una calle para poder cruzar sin ningún problema y muy confiado me baje de la berma. En eso se cruzo un auto el cual no iba a mucha velocidad y freno en seco tocando la bocina.

Ya bastante irritado mire al conductor y con un impulso de rabia patié la puerta del auto lo que provoco en fuertísimo sonido que asusto al resto de la gente que cruzaba conmigo. El auto continúo como si nada, pero yo seguía molesto, y para empeorar las cosas dieron luz roja para los peatones en la siguiente avenida que deseaba cruzar. Mi impaciencia por llegar a casa aumento, así que camine hasta el semáforo que se encontraba junto a mí. Por la calle pasaban una enorme cantidad de autos a gran velocidad, y tocando el poste que contenía los cables del semáforo, las luces comenzaron a parpadear descontroladamente, de verde a amarillo y de amarillo a rojo. El semáforo pronto se puso en rojo y todos los autos se estrellaron unos con otros causando un enorme accidente.

Camine como si nada, saltando ruedas y autos destruidos hasta el otro lado de la calle, toque con mi mano el poste del semáforo del otro lado de la calle y la luz cambio a verde. Sonreí con maldad y me fui tranquilo a mi departamento.

Llegue a casa muy molesto, no salude al guardia como de costumbre y en ves de pulsar el botón para el ascensor, puse mi mano en el y el ascensor llego en dos segundos. Entre y sin pulsar ningún botón, volví a poner mi mano sobre el panel del ascensor que me llevo directamente a mi apartamento sin parar en ninguno de los otros pisos. Después de guardar las cosas en los estantes de la cocina, fui a la sala tome algunas de las cosas que estaban en el suelo, como metales, cables y tornillos y comencé a jugar un poco con ellos. A la media hora estaba sentado con mi computadora instalándole un software a un auto robot recién construido para que avanzara solo por mi casa. Un pasatiempo más.

Cuando el auto ya estaba completamente automatizado fui a mi habitación a tumbarme en la cama, el aburrimiento me estaba matando, no sabia que hacer.

Cerré los ojos unos momentos para ver si me quedaba dormido pero fue inútil. Tenía unas ansias de lanzarme por la ventana solo por no tener nada que hacer, pero luego lo pensé mejor y decidí tomar mi celular y llamar a Ian.

El teléfono repico un par de veces hasta que pude oír la voz seria de mi compañero del otro lado.

- ¿Hola que ocurre? -

-  nada, nada  -   trate de excúsame- solo llamaba para ver si estabas ocupado, es que estoy algo aburrido.

- ¿quieres hacer algo?

- ¡claro!, ¿por algo te llame no?

-  ¿y que quieres hacer?

-  creo que jugar algún videojuego o algo

-  no es justo, tu ganas siempre

Recordé que siempre he ganado en los videojuegos por que tengo la facilidad de comunicarme con la tecnología y resolver operaciones difíciles en computadoras o juegos electrónicos, además de tener una muy buena agilidad y coordinación con los dedos y la vista.

-  cierto  -   reí un poco en forma de burla hacia Ian y luego le pregunte si el tenia algo en mente.

-  pues, podríamos reunirnos para hablar sobre ese sueño de la línea anaranjada

Y ahí estaba de nuevo, la línea, la onda junto con la voz, volví a caer en un estado de relajación, recordé la voz con mucho detalle y pensé que lo más correcto seria contarles a Ian y a Jorge lo que paso anoche con aquella voz.

-         nos veremos con Jorge en el Parque Arauco en una hora más.

Corte la llamada de mi celular y tome mis cosas para ir hasta el lugar de encuentro. Me quede pensativo unos minutos sentado al borde de mi cama ideando la forma de explicarles lo que había pasado la noche anterior y lo que comenzaba a sentir por aquella melodiosa y cálida voz que recorría mis pensamientos cada vez con mayor frecuencia.

Me levante de la cama y camine hacia la puerta, pero antes de salir por ella la volví a cerrar y me dirigí a la ventana y salte. Volé al igual que ayer y me fui saltando entre edificio y edificio. El mejor transporte.

Baje a la calle unas cuadras antes de llegar a mi destino, para no alarmar a la gente que transitaba cerca del centro comercial, no quería causar mas desastre de los que ya había causado con los autos y el semáforo. Así que disimule caminando despacio y mirando a mí alrededor como recién llegado.

El centro comercial Parque Arauco había cambiado un poco desde que me había ido a los Estados Unidos, seguía igual de grande con sus multitiendas y sus restaurantes costosos, pero ahora había un largo pasillo con forma de tubo de solo vidrio que llegaba hasta otro terreno que había comprado el dueño del centro comercial y había construido otro acceso y tiendas nuevas en ese sitio. El  largo pasillo cruzaba el parque araucano, o lo que quedaba de el, completamente, para unirse a una de las entradas del centro comercial en el tercer piso. Entre junto a un montón de chicas, que al parecer iban de compras, por una de las puertas automáticas del primer piso caminado lentamente por los pasillos. Siempre he pensado que la gente que viene a estos lugares tiende a caminar extremadamente ¡lento!, eso es desesperante, no solo por que no avanzan, si no que ¡estorban! Esquive un par de personas dirigiéndome hacia el patio de comidas, donde nos reuniremos, justo al lado del centro de juegos Happyland.

Como siempre tan puntual, Ian se encontraba ahí, sentado en una de las sillas plásticas color verde musgo junto a una de las mesas redondas de cerámica, con adornos cuadriculados en la loza. Estaba tranquilo como siempre, recostado sobre la silla y casi con los pies sobre la mesa, jugando los juegos de su celular y escuchando música. Alzo la vista al verme llegar he hizo una mueca como si no me conociera y luego sonrió. Me senté junto a el en una silla saludándolo con la mano y volvió a su juego.

-  ¿llamaste a Jorge? - me pregunto sacándose un audífono del oído y sin levantar la vista del juego.

-  no -   lo mire algo incrédulo    - pensé que lo llamarías tu.

Ian me dedico una mirada de odio y corto su juego para poder usar el teléfono y poder llamar al siempre impuntual Jorge.

Marco el número y espero a que nuestro amigo contestara.

- ¿alo? -  se hoyo una voz algo acelerada.

-  ¿cuando te dignaras a venir?

- ¡ah! si ya estoy por llegar ¡denme unos minutos mas! - se excusó.

Se finalizo la llamada y nos quedamos en silencio unos segundos hasta comenzar a reír. Era normal que Jorge estuviera atrasado o corriendo de un lado para el otro, haciendo millones de cosas a la vez y pensando una cantidad de ideas que lo hacen colapsar fácilmente.

Hablamos de muchas cosas sin importancia, riendo de cualquier estupidez hasta que por la puerta automática se abrió y por ella entro Jorge, con una sonrisa de culpa y tratando de excusarse por su retraso ya acostumbrado.

Después de un extenso discurso del porque se retraso y sus ya repetidas aventuras en su auto con una parafernalia de palabras calificativas y divertidas que nos hizo reír aun mas, note que me sentía algo hambriento y mis otros dos compañeros aceptaron mi propuesta de comer algo urgente.

Fuimos directo a nuestra ya acostumbrada comida chatarra que servían en el patio de comidas del centro comercial, la verdad es que no había mucha mas variedad ya que las empresas de comida rápida se habían masificado en los últimos años.

Después de pagarle a la cajera, la cual se demoro una eternidad en tomar mi pedido, recogí mi bandeja con mi comida y me dirigí a la mesa donde ya estaban  Jorge e Ian con sus respectivos almuerzos. Casi lancé la bandeja a la mesa bastante molesto por la demora y me senté a comer mi hamburguesa con queso, carne, tocino y un sin numero de cosas no tan saludables. Mientras comíamos comenzamos a planear la búsqueda de los otros, según yo, miembros de nuestro equipo.

-  Bien, como sabes tu que son dos personas y no mas  -    Pregunto Jorge que recién comenzaba a morder su hamburguesa.

-  La verdad es que solo lo se, es como si mi cabeza me guiara de alguna forma hacia ellos, pero no puedo saber como son o que habilidades tienen, ni siquiera sé como se llaman.

-  Y entonces ¿como sabremos donde se encuentran? -  Ian se dirigió a mí después de sorber las últimas gotas de su bebida.

- Los podre guiar, hasta ahora se que ambos están hacia el este de Santiago.

- O sea ¿debemos ir un día hacia el este contigo siendo un GPS humano?

- si lo pones de esa forma, si, seré tu GPS humano -    Le guiñe el ojo en forma burlesca, e Ian me miro con cara de asco.    - Sabes que te quiero -     agregue para mofarme aun mas de el sabiendo que detesta la homosexualidad. No quiero decir que yo lo sea, es mas divertido burlarme y del el con el asunto.

Mire a Jorge que no había pronunciado ni una sola palabra, porque aun seguía comiendo, y el detesta hablar mientras come, porque no puede expresarse con claridad y para el es realmente un conflicto.

Después de llegar a la conclusión de que seria el GPS de aquellos dos, y que nos transportaríamos con el auto de Jorge, comenzamos a definir el día en que realizaremos este viaje de búsqueda.

Después de calzar días y horarios llegamos al día correcto, seria en tres días mas, el sábado, y saldríamos temprano en la mañana, considerando de que  Jorge se retrasara de todos modos. Planificamos la comida que llevaremos y cuanto dinero necesitaremos para combustible.

Mientras conversábamos comencé a sentirme algo extraño, mi cabeza comenzó a dolerme con fuertes punzadas, y trate de soportarlas, pero el dolor me torturaba tanto que no me dejaba pensar. Para tratar de calmarme cerré los ojos y los presione un poco. Mi mente divago, comencé a ver colores, formas, luces, de todo un poco, un espectáculo digno de un drogadicto. No entendía nada de lo que estaba pasando, me sentía mareado y el dolor no disminuía. Manteniendo mis ojos cerrados apoyé las manos en mis sienes y cerré con mayor fuerza mis parpados. En ese instante todo se aclaro, mi mente quedó en blanco y volvió a aparecer,  la línea anaranjada. Me quede esperando a ver si volvía a ondular pero no ocurrió nada, solo se mantenía recta e infinita y el dolor constante permanecía.

Casi podía oír un leve sonido de tono alto constante, como cuando una persona fallece en un hospital y el electrocardiograma indica con un agudo ruido que ya no se encuentra con vida. Comencé a pensar que la voz nunca había existido, que aquella persona dueña de la voz había pasado a mejor vida, o incluso, llegue a pensar que yo mismo había muerto y estaba en un estado de coma. Hasta que la oí. La voz.

Abrí los ojos rápidamente y mire a mis acompañantes, los que me observaban con mucha atención y no despegaban la vista tratando de buscar un motivo por mi actual comportamiento.

- ¿Escucharon eso?

- ¿escuchar que?

- La voz

- yo no oigo nada -   Jorge miro en todas direcciones tratando de buscar algo foco de sonido el cual yo haya podido percibir.

- ya te estas volviendo loco

- ¡no! es la voz, la voz que salió en aquel sueño que nos indicaba el gran día. - Los mire a los dos buscando respuesta de afirmación en sus rostros, pero solo encontré mas interrogantes en sus miradas, e incluso miradas de lastima.

No estaba loco, yo la había oído sin duda, pero no podía dejar de pensar el porque el sonido anterior y en que se relacionaba con la línea recta constante.

 -Ya sabes que estoy aquí-   volvió a decir la voz dentro de mi cabeza.

Me levante precipitadamente, casi tirando al suelo mi bandeja con las sobras de comida. Mire a mis dos amigos tratando de que entendieran solo con ver mis ojos, lo que quería hacer, y después de eso, salí corriendo hacia donde podía escuchar la voz mas y mas fuerte. Me guiaba otra vez, y sabía hacia que sentido se encontraba, pero no en el lugar preciso o quien era. Debía descubrirlo, debía saber de quien era aquella voz que me mantenía despierto, pensativo, alerta, y levemente obsesionado. Corrí entre los pasillos del centro comercial, pasando por cada tienda a muy alta velocidad, esquivando con rapidez y agilidad a las personas que paseaban con una caminar tan lento que estorban. Pase por varias tiendas de electrónica sin prestar atención a los gritos que surgieron después, estaba concentrado en un solo objetivo, llegar a ella. Mire detrás de mi para ver si Ian y Jorge me habían seguido, pero entre la multitud no pude distinguir mucho.

Cuando volví la vista en el camino, tropecé con una persona, la cual no había visto que se encontraba en mi camino. Ambos caímos al suelo, trate de incorporarme rápidamente y perderle disculpas lo más rápido que pude. Ella, una chica alta de cabello largo, teñido de color morado, me dedico una mirada furtiva y sin decir ni una sola palabra comenzó a recoger las cosas que se  habían caído de sus manos. Tomo su mochila algo usada, con algunos parches y de un color gris oscuro, y algunas cosas que salieron de ahí como un cuaderno y algunos lápices las cuales estaba guardando nuevamente. Me di cuenta de que no sabia como había aparecido la chica ahí, el pasillo estaba vacio y no había ninguna entrada de tienda o pasillo que conectara con el cual estaba yo, es como si simple hubiera aparecido ahí.

Volví a disculparme y continúe mi camino con la misma agilidad y velocidad. Me detuve por unos momentos para volver a escucharla y redirigir mi curso.

-  Si te acercas mas no me encontraras -   tome la derecha por un pasillo hacia la salida, al parecer me dirigía a las tiendas que se encuentran fuera del recinto, por la zona del Bullevar. Seguí corriendo mientras la voz repetía que no avanzara por que no encontraría a la persona dueña de ella.

Llegue a la fuente que esta justo a un lado de la entrada a los estacionamientos subterráneos, ya no podía oír la voz, se había esfumado, incluso el dolor de cabeza había desaparecido. ¿Cómo era posible?

Sentía que estaba tan cerca, pero no pude encontrar a aquella persona que me llama pero a la vez me advierte. Comencé a desesperarme, no encontraba lo que buscaba, y el solo el echo de no lograrlo me frustraba. Mire a todas partes, no había nadie por los alrededores que pareciera ser la persona que me llamaba, solo había gente común y corriente sentada en las mesas del restaurante junto a la fuente o algunas que estaban mirando las tiendas de ropa o zapatos, hasta que sentada en el borde de la fuente se encontraba una persona, una joven.






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