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La muerte ¿o este pasillo larguísimo? de Ligia Álvarez
Autora: Ligia
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Estadísticas
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Resumen
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Fecha de publicación: 06/12/2009
Leído: 208 veces
Comentarios (0)
Valoracion de la obra: 7,33
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¿Qué ocurre cuando alguien muere? ¿existe una parte inmaterial que trasciende?
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La muerte ¿o este pasillo larguísimo?
¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí? ¿Quiénes son estas personas que cubren sus cuerpos y rostros con sábanas blancas y rezan? ¿Por qué me conducen por este pasillo prolongado? ¿Quiénes son los que me llevan? Los puedo sentir pero no los veo, no alcanzo a verlos. Lo último que recuerdo es a Mercedes dándome un poco de agua con una cucharilla, le pregunté -intenté hacerlo- y me respondió no lo que yo quería saber sino que me dijo que me amaba y yo me interrogué a mí misma el porqué de aquella declaración si yo ya lo sabía aun cuando nunca antes me lo había dicho. Sin embargo lo que yo quería conocer era dónde estaba en ese instante porque no reconocía el sitio, después de muchos intentos, ella entendió y me dijo, estás en tu cuarto, en tu cama y yo traté de abrir los ojos un poquito más pero todavía no me parecía que estuviera en el sitio que señalaba Mercedes y ella siguió dándome agua y yo bebía pero ya aquello no me sabía a agua. Ya no me sabía a nada. A nada. Y ahora camino por este extenso pasillo y escuchó las voces que oran. ¿Adónde voy? Hay unas voces cercanas y otras lejanas, apenas perceptibles que también pronuncian plegarias ¿Dónde estoy? Si hasta hace unas horas no podía ni moverme y ahora creo que lo hago hasta con el pensamiento, pero el pasillo es tan extendido que parece que no tiene final. Recuerdo que todos venían, se medio acomodaban en el borde de la cama, me asían las manos, me las besaban, yo los miraba, ellos me hablaban, me lavaban, me cambiaban la ropa, me perfumaban, me empolvaban. A veces los movimientos provocados por otros hacían que surgiera desde mis entrañas un suspiro continuo que casi no reconocía
como mío. También mientras camino el pasillo largo, viene a mi mente cuando Mercedes y Bellita rezaban un rosario junto a mi lecho, tocaban mis manos, se las llevaban al rostro y se lo acariciaban con ellas, ¡Cuánto me quieren! ¡cómo yo a ellas! Pensaba yo. ¿Cuándo llegaré? Es el pasaje más prolongado que he visto en mi vida. Las voces, no cesan. Ni las cercanas, ni las lejanas. Me parece reconocer las voces de Mercedes y Bellita a lo lejos. Escucho cantos, cantos de alabanzas, ésas vienen de un lugar que no alcanzo a precisar, parece ser que es de otro lugar muy remoto, pero yo las escucho débilmente. Las que están a los lados del corredor continúan rezando, creo que he caminado por días este pasillo, a medida que marcho voy entendiendo lo que las voces dicen. De cerca me susurran: bienvenida hermana llegó tu hora, la hora del señor, eres un alma más, de lejos escucho: hasta hoy te hemos acompañado y ahora tú nos acompañarás pero debes reunirte con las almas que te esperan. Una pantalla grande se proyecta ante mis ojos. Es mi cuarto lo que refleja. Veo luces en él, ahora lo reconozco. Ya no está mi cama, las fotos de siempre ya no adornan sus paredes. Hay un altar, un pequeño cofre. Todos los miran y dicen que yo estoy ahí y me rezan pero les grito que no estoy, que yo estoy aquí caminando por este pasillo que parece que nunca terminará. Las flores, el sahumerio, las velas, ahora todos van desnudando el altar, lo despojan de la sábana blanca, hablan, rezan, cantan, abren la ventana, me despiden pero yo ya me he ido, desde aquí los veo, no lloren, no lloren, estoy bien, no siento dolor -cesó- ni siquiera estoy cansada, Creo que estoy llegando al final del pasillo, algunos me esperan, los conozco, tenía tanto tiempo sin verlos pero los reconozco, son mis seres queridos que me habían abandonado antes, ahora me estoy uniendo a ellos, me dan la bienvenida, volteo porque quiero ver a los que he dejado y que aún oran y lloran pero los cercanos a mí ahora me señalan con gestos que no retroceda, que siga adelante, que no mire hacia atrás y entiendo sin que nadie me explique que lo que separa la vida de la muerte es sólo un pasadizo interminable.
Ligia Álvarez
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