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Los ejes de poder como desarticuladores de la vida de los sujetos en Mano de obra de Diamela Eltit

Autora: Natali Guerra
Estadísticas Resumen
Fecha de publicación: 09/05/2011
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Comentarios (2)
Valoracion de la obra: 9,84

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Los ejes de poder como desarticuladores de la vida de los sujetos en Mano de obra de Diamela Eltit

Natali Guerra Steffens

 natitatello@hotmail.com

___________________________________________________

 

Somos servidores de la ley, a fin de poder ser libres- La filosofía del derecho              Friedrich, Carl Joachim

 

 

Diamela Eltit forma parte neutral de los escritos hispanoamericanos referentes a la desintegración y esclavización de los sujetos reemplazables y basurizados en los espacios de poder[1]. La gran mayoría de la producción literaria de la escritora chilena contemporánea expone ciertas marcas funcionales en que se mezcla la dinámica del supermercado con los ejes de poder que se van desentramando en el contexto laboral.  Asimismo, es conocida la incesante marca literaria de Eltit, la cual se subsume en la fascinación por resaltar el sometimiento de los sujetos públicos que son silenciados y marginados ante los cambios y consecuencias que trae consigo la metaforización del cuerpo maltratado por la mano imperante del poder.

Eltit, a pesar de haber sido una literata destacada por su manera realista de representar la realidad corrompida y fragmentada  por  los vicios de la sociedad latinoamericana, jamás se le ha encasillado como novelista y ensayista contemporánea, sino más bien se le asocia a una mujer que exalta características socio-políticas en que se desenvuelven los sujetos sin identidad. Es decir, se centra en la búsqueda del sentido de la vida perdida dentro de un espacio reducido en que se es prisionero sin escapatoria[2]. Desde este punto de vista cabe preguntarse ¿Qué sucede con el paso de los clientes y la huella dentro del supermercado? Pues para la autora las interrelaciones se dan por medio de las clases de poder que ejercen sujetos opresores a aquellos sujetos oprimidos, centrándose en ¿Cómo interactúan en la dinámica de transitividad dentro del espacio dominante? Y fuera de ella, ¿qué implicancias trae consigo a la vida de los trabajadores? Para tal efecto, exploraremos los conceptos empleados por la autora, destacando cómo ejerce la acción del poder dentro del supermercado.

En una primera aproximación estableceremos un marco referencial de la idea de dinámica del supermercado, para luego  realizar consecuencias y cambios en las pautas de comportamiento de los sujetos a partir de los ejes de poder que se ejercen en el espacio.

Para conceptuar la idea de dinámica, o más bien de dinamismo, nos basamos en el planteamiento de Van Dijk, quien  señala la necesidad de intercambiar significados transculturales de dos o más culturas, vislumbrándose la presencia de una  porosidad cultural, evitando, en palabras de Van Dijk, la cristalización o el congelamiento de las sociedades y de los sujetos que interactúan en ella. Es decir,  el concepto de dinámica se asocia a la posibilidad de dejar abierta y no como bóvedas cerradas y herméticas la comprensión e interpretación de significados enriquecidos que se comparten dentro de un determinado lugar, no siendo empobrecidos como realidad cultural al negarse a mirar allende las fronteras[3]. Desde esta perspectiva de dinamismo cultural, se puede señalar el punto de partida de inserción de la dinámica de significantes en el ámbito de  la interacción de los mecanismos sociales. Esta idea se funda preferentemente en  la dinámica del supermercado, en donde se presenta una disposición de los espacios obstruidos en el que la movilidad esta predeterminada por las fuentes de poder. Este concepto de poder ejercido sobre un espacio determinado y limitado, trae consigo el miedo que se inserta desde lo colectivo del ser humano, pues el poder como factor que predomina la movilidad de los sujetos dentro del espacio, se fecundará a partir de lo social insertado dentro de un mundo pluricultural. Esta idea quedará respaldada con lo expuesto por Susana Rotker en su texto Ciudadanías del miedo, en donde exhibe cómo las ciudades han dado lugar a la generación de espacio escritos por la violencia. Esta postura  que plantea el sentido del miedo nos llevará a ser parte de la sensación del desvanecimiento ciudadano. Es decir, la violencia produce  crisis en todos los órdenes en donde la lógica y moral se dan vuelta, estableciendo la figura humana como un ser parte de la materialidad que conforma el espacio del supermercado. 

Eltit, muestra al trabajo como parte dominante del espacio en que interactúan los sujetos oprimidos y prisioneros dentro de una prisión que anula su pensar y evolución, claro está cuando en su novela la autora nos dice:

 

“Los clientes (el que ahora mismo me sigue y me desquicia o el que me corta la respiración o el que me moja de miedo)  se reúnen únicamente para conversar en el súper. Yo me estremezco ante la amenaza de unas pausas sin asunto o me atormento por los ruidos insípidos y, sumergido de lleno en la violencia, me convierto en un panal agujerado por el terror”.[4]

Bajo esta mirada de disfunciones del espacio, es que surge el nexo entre el miedo y el poder que se apodera del  sujeto mecanizado, pues es la ciudad la que se ha convertido en un espacio de desprotección y peligro. O como dice Néstor García Canclini  en su texto Consumidores y ciudadanos y la globalización imaginada, en donde pone de manifiesto que el vivir y convivir juntos ya no representa lo mismo, pues ha desaparecido el sentido de interrelaciones entre los seres humanos, predominando la autonomización de los espacios, desde lo público a lo privado, pues bien nos dice Rotker que no se trata tan solo de pensar el miedo y de cómo narrarlo, sino cómo vencerlo a partir de la unión de uno más uno y no desde la visión individualista en que el ser humano se enfrenta  despojado frente al mundo, como un niño sin su ropaje y dando claras muestras que el ser humano al enfrentare al mundo desnudo pierde su ropaje material, quedando como aquello débil sin sentido de la basurización y del corrompimiento de la sociedad como bien lo expone Edmundo Paz Soldán en su texto El delirio de Turing, en donde relata cómo un niño de Quillacollo está descalzo tapado sólo con un calzón blanco  en el patio de tierra, mostrando al lector la decadencia humana y permanencia en ella si no se aventura e introduce en un mundo de cambios permanentes y constantes que desplazan al ser humano, llevándolo a un segundo plano en el que es movido por el juego laberíntico de Cortázar en Rayuela, tratando , en todo momento, de encontrar el sentido de la vida al final del túnel que en palabras existenciales haga desaparecer la angustia y el sin sentido  de las personas utilizadas como mano de obra reemplazables dentro del supermercado. Este sentido bien lo presenta la autora cuando:

En el súper cambiaba y cambiaba el personal con una rapidez indescriptible. Filas de pendejos parados desde las cinco de la mañana. Macilentos a la entrada del súper, bien vestidos o mal vestidos, obsequiosos, zalameros o decididos a cualquier cosa para obtener nuestros puestos. Una cantidad enorme de pendejos  que se desplazaban desde distintos puntos de la ciudad con el aviso del periódico en la mano, listos para despojarlos. Pendejos con estudios, desesperados por un trabajo, inmóviles en la  fila con sus caras de imbéciles”.[5]

El ser humano que está en zonas empobrecidas vive bajo el  colapso social y desamparo que se establece en el medio social y material en que actúan las personas guiadas por la violencia, el caos y la destrucción[6].  Asimismo la competitividad y exigencias que la sociedad instala en el contexto del trabajo es cada vez más persistente llevando a crear reglas de manejo para permanecer dentro del sistema social-económico. Es decir, los códigos y reglas que se presenta en todo espacio laboral son como mandamientos a seguir, sin exigir ninguna escapatoria para los sujetos insertos, en este caso, dentro del supermercado.

El paso de los clientes marca el carácter de movilidad de los sujetos dentro de un espacio cerrado, en donde se presentan intuiciones reflejadas en otros. Es decir, los clientes muchas veces ven al personal que trabaja en los supermercados como un componente más de la infraestructura del lugar, en donde no se cuestiona el quehacer de estas personas, sino, se les mecaniza en todo momento hasta el punto de ignorarlos como trabajadores y por sobre todo como personas íntegras y con vida propia. Desde esta concepción de la conciencia de la vida de las personas, consideramos preciso determinar la huella tanto física como mental que dejan los sujetos dentro del supermercado. La primera de ella, es decir, la huella física se va plasmando como el eje de transitividad en que se ven sometidos los sujetos, pues el movimiento de las personas y los circuitos que ellos van realizando dentro del supermercado están predeterminados desde el inicio de la existencia humana, en donde el ser humano ha intentado reestablecerse como seres que dejan huellas y, por ende, que logran  un lugar en la época en que desarrollan sus vidas. Volviendo a lo que representa la huella misma, son los clientes quienes renuevan y resignifican, con su pasar, el espacio cerrado en que conviven trabajadores oprimidos con clientes hambrientos y cegados por el consumismo. La segunda de ellas, es decir, la huella mental en palabras de Tsion Avital son las metas -estructuras atribuidas fundamentalmente a la percepción de la conexión que se da entre la mente y la realidad, tales como la complementariedad y simetría que se da entre estos factores de las estructuras mentales como bien lo expresa Aristóteles, cuando:

   “……El alma es análoga a la mano;

               Pues mientras la mano es la herramienta de herramientas,

               Así mismo es la mente la forma de las formas…”[7]

        

En un sentido, la mente esta envuelta sobre si misma, es reflexiva y algunas veces realidad consciente. Así la conciencia es un modo de enlace mente-realidad.

Los conceptos de huella física y mental es lo que Eltit manifestará como aquel símbolo que predetermina las interrelaciones que se dan por medio de las clases de poder que ejercen sujetos opresores a aquellos sujetos oprimidos, pues la mano de obra que subyace dentro del supermercado es aquella que se gobierna por un poder central establecido dentro del espacio cerrado que conforma el lugar comercial. Mientras que el opresor tiene libertades tanto internas como externas sobre la vida y accionar de los trabajadores. El autor Juan Carlos Galdo, en su artículo Fronteras del mal –Genealogía del horror  señala la idea de la muerte como el báculo de Latinoamérica y de cómo esta parte del continente americano no puede caminar sin su báculo, pues las personas americanas viven bajo una nube espesa que no deja ver con mente clara las posibilidades de progreso y bienestar posibles para el avance de los sectores más desposeídos, pues este nublamineto, no permite  una salida fiable de los sujetos sometidos a trabajar para subsistir. Además de vivir pensando que se nace para morir, limitando la propia existencia del ser. Es decir, se expresan las limitantes que tienen los sujetos vistos solo como mano de obra, como máquinas que se pueden desechar por su vejez y caducidad.

Las obras de Eltit, como ya se ha señalado, tienen un carácter funcional de representar a sujetos oprimidos y basurizados por la sociedad, vistos sólo como mano de obra o máquinas que no tienen voz ni voto en las posturas y criticas del sistema avasallador del que son partícipes. Desde esta perspectiva del planteamiento de la autora, es preciso señalar cómo el supermercado elabora procesos simbólicos y estratégicos con el afán de imponer su hegemonía sobre sus trabajadores, afectando no solo el comportamiento de los sujetos dentro del espacio dominador, sino que también al eje de producción de lo doméstico y lo cotidiano, asociado al fenómeno de modernización de la vida urbana y de cómo este ente dominador llega a experimentar en el otro transformaciones en el ámbito de los estilos de vida y sociabilidades.  Bajo esta postura, Jean Franco en su texto Narrativas de la globalización manifiesta el grado de connotación con que actúa el espacio dentro de la vida de los trabajadores, pues muestra cómo el espacio  ya no representa una globalización social, sino va intersectando las pautas del espacio inherente   que llevan a la pérdida de identidad cultural. Esto generará un contexto de espacio, en donde se cambia o bloquea un hecho determinado, como es el caso del paso de los clientes por los pasillos del supermercado en la obra de Eltit, en donde se va construyendo, desde el espacio, la percepción mental del sometimiento y la muerte de los sujetos. Es decir, no es cosa olvidada el sometimiento del pueblo autóctono americano por el yugo español en tiempos prehispánicos, ni tampoco el desconsuelo de aquellas víctimas oprimidas por un ser culturalizado, sino se trata de cómo se proyecta la visión eurocentrista en las tierras prehispánicas, en donde somos sujetos de la suerte y del desamparo  que pudiese tener algún extranjero. Bien es el caso de Bartolomé de las Casas, quien defiende la postura del indio  y no lo ve como seres débiles e ignorantes, sino como una cultura que tiene solidificada su identidad y lucha por mantener sus ideales. Este accionar prehispánico, en nuestros días, se ha perdido debido al sistema y el poder con que se somete al hombre contemporáneo, no dejando escapatoria ni manera de pensar y criticar su lugar y accionar en este mundo,  acotando y volviendo la mirada hacia el futuro hostil en donde no tendrán más esperanzas de llegar con vida, pues la dignidad del sujeto que trabaja hoy en día en centros comerciales se ve fragmentada y desgastada. Es decir, existe una lucha constante por ganar dinero o por ser algo más que el otro, desarticulándose la unidad social, a diferencia de lo ocurrido en tiempos de colonización, en donde  se luchaba por una causa en conjunto y por sobre todo por mantener la unidad nacional.

La unidad de la identidad perdida se manifiesta con el carácter de movilidad con que se concibe, en el medio colectivo, el poder, el cual genera el paso de lo marginado a lo legal. Es decir, si nos basamos en la cita de Eltit:

vamos a cargar a los maricones que nos miran como si nosotros no fuéramos chilenos igual que todos los demás culpados chuchas de su madre. Ya pues huevones, caminen. Caminemos. Demos vuelta la página”. [8]

De esta manera se expresa la simplicidad con que la autora introduce el desgaste humano y de cómo se va engendrando la perdida de identidad de los sujetos insertos en un espacio cerrado en donde sólo importa la productividad y ganancias de un sector superior que no le importa la vida del trabajador, sino tan solo su propio estatus social-económico por sobre la mesura  de la vida humana. Esta pérdida identitaria se relaciona con  el concepto de objeto con que se concibe a las personas miembros del trabajo en el supermercado, desviando su concepción del ser a algo más sombrío presente en:

 

Sabíamos que adentro uno de los supervisores le estaba lamiendo el culo. Eso nos dijo ella. “Me lame el culo”. Agregó que ella también era una lame culos porque  dejaba que (ese viejo asqueroso), (lo dijo despacio), le pasara la lengua por el trasero  y afirmó que francamente no le importaba. La tenía sin cuidado. No le costaba nada ser una lame culos. “Todos ahora lo son” dijo. “Todos sin excepción”. [9]

 

El hablar en silencio implica el respeto o el miedo a un otro castigador. Es decir, se va instaurando el miedo colectivo que se presenta en el espacio cerrado del supermercado, lo cual trae implicancias a la vida  de los trabajadores por medio de consecuencias y cambios en las pautas de comportamiento de los sujetos, a partir de los ejes de poder que se ejercen en el espacio.

Los cambios y consecuencias que el poder ejerce en las pautas de comportamiento de las personas depende de cómo los sujetos van efectuando su trabajo y, por ende, de cómo ellos son parte del maquiavélico conjunto de manipulaciones con que sectores de superioridad económica y política utilizan como verdaderas marionetas a aquellas personas que están sometidas  a vivir humillaciones y alteraciones por logar mantener un trabajo, el cual le permitirá ser alguien o algo en esta vida. Es decir todo lo que ocurre dentro del supermercado es de índole circular, en donde se presentan vicios en que se pone al hombre como la nada misma, sin valor social, sin identidad, sin opinión, llevándolo desde un inicio a estándares que predeterminen su caminar, bajando siempre el autoestima, designándolo siempre a la nada, volviéndose sombra de un poder que lo corrompe y lo envuelve en el más oscuro de los silencios[10].  La contradicción de las personas también juega un rol importante dentro del supermercado, pues muestra el pensar humano limitado a las ganancias y poderío ajeno. Es decir,  el hecho de dar todo por mantener un trabajo, una necesidad de vender la vida al diablo por  permanecer en una prisión. Es paradójico, pues un ser libre completo de esperanza se sucumbe ante mundo en el que las contradicciones conllevan al decentralismo y, por ello, a la desintegración de la armonía de la vida de los sujetos.

El poder, en palabras de Max Weber,  representa  la sociedad moderna amenazada  por el fenómeno creciente de la concentración del poder dentro de las organizaciones, en donde se instala la presencia de un poder indirecto que se ejerce sobre las personas, es decir, es un poder trabajado para parecer inconsciente, maquillado e ingenuo, pero que a fin de cuentas es un poder sociológico: 

"Se necesita sin ninguna duda ser nominalista: el poder no es una institución, ni una estructura; tampoco es una cierta fuerza con la que estemos dotados; es el nombre que le damos a una situación estratégica compleja en una sociedad determinada" "La dominación [no es] ese tipo de dominación sólida y global que una persona ejerce sobre otras, o un grupo sobre otro, sino las muchas formas de dominación que pueden ser ejercidas en el interior de una sociedad". [11]

El poder ejercido en las instituciones como centros de operaciones es lo que predomina en el trasfondo del texto mano de obra, pues se focaliza en detectar el punto débil de los trabajadores, el cual se determina con tan solo llamarles la tención, pues éstos ven el temor de ser despedidos, aislados y marginados de la sociedad, pues bien Eltit señala el poder ejercido desde un opresor a un oprimido a partir del juego de roles entre trabajador, cliente y supervisor de la siguiente manera:

…los supervisores se pasean (de lo lindo), en un atroz fuego cruzado con los clientes, para mirarme –a mí- con sus gestos amenazadores cargados de una reprobación odiosa. En el centro de la indisimulada crueldad, me levantan una ceja electrónica o mueven sus manos –furiosos- ante el riesgo y el deterioro que experimenta la mercadería. Pero son así, siempre, los supervisores”.  [12]

Foucault en su texto Vigilar y Castigar, nos presenta y propone el concepto de poder como aquella acción que actúa sobre otras acciones, en donde se puede presumir la libertad de los sujetos por la vía en que se considera al poder como aquello que no obliga o somete a otro inferior, sino más bien se relaciona con la idea de preconcebirlo como   la manera que se tiene para guiara  a las personas hacia una conducta esperada. Es decir,  se quiere lograr un cambio en el accionar de las personas para poder adecuarse  al medio social en el que desarrollan su trabajo.  Es por ello que las consecuencias y cambios en las pautas de comportamiento de los sujetos dentro del supermercado son en base de las exigencias  del medio social, siendo muchas veces las causantes de cambios de mentalidad y de cómo se percibe el espacio público, en donde los sujetos, ya sean clientes, trabajadores o supervisores actúan de acuerdo al rol que creen les corresponde. Es decir, las marcas sociales están presente en todo momento, pues los clientes tienen conocimiento de la importancia que se les otorga por el dueño del local comercial y de cómo ellos son los reyes a los que se les debe reverencia y atención. Mientras que los trabajadores no son más que juguetes, seres sin identidad como se expresa en el texto de Eltit:

“Y consigo esta maravillosa sonrisa, mi estatura, el movimiento armónico de mis manos. ¿Qué les parece? Ya me encuentro en plena posesión. Con mi cuerpo pegado a mí mismo (como una segunda piel) me desplazo por el interior del súper”. [13]

Los supervisores, en cambio, son aquellos quienes ejercen poder dentro del supermercado, vigilando como seres parásitos  a los trabajadores, ejerciendo su dominio sobre los débiles seres que se desvelan por dar lo mejor de sí para permanecer en sus puestos.  

Luego de haber examinado la idea de dinámica del supermercado a partir del paso de los clientes y la huella que representan dentro del supermercado, podemos descifrar como los sujetos van interactuando dentro del espacio y las implicancias que este hecho trae a la vida de los trabajadores.

Finalmente y a partir del estudio realizado, estimamos que Eltit pese a su pensamiento crítico sobre la realidad que viven los trabajadores del supermercado, aporta, con sus escritos,  una nueva manera de pensar y ver a los seres indefensos despojados de su identidad. Es decir, por medio de su manera de ver la literatura se proyecta un nuevo recurso de valorización y resignificación , en donde no se acota el objeto de estudio, sino que permite la amplitud de conocimiento referente a la implicancia o incompatibilidad de la unidad del sujeto que se presentaba hasta antes de la modernidad, siendo este hecho y aparición modernista la que desencadenarán la manera de percibir al sujeto ya no desde una cosmovisión de homogeneidad , sino como un sujeto fragmentado por los vicios que conlleva la globalización, perdiéndose, muchas veces, la identidad cultural. 

 

Bibliografía:

o       Aristóteles, De Ánima 432ª Aristotle, (1941 edition). De Anima, translated by W.D.Ross, in McKeon, R.ed. The Basic Works of Aristotle. New York, Random House.

o       Calderón, J. “Identidades culturales y globalización”. En Revista Umbral. Número 8 Abril 1998.

o       Eltit, Diamela. Mano de Obra. Seix Barral biblioteca breve, 2002.

o       (Foucault, 'Historia de la sexualidad')

o       Franco, Jean. “Narrativa de la Globalización”. Quimera: Revista de literatura, ISSN 0211-3325, Nº 300, 2008, Págs. 18-22.

o       Friedrich, Carl Joachim. La filosofía del derecho. España: Fondo de Cultura Económica, 1982.

o       Galdo,Juan carlos. Fronteras del mal-geneologia del horror. Página 68.

o       García Canclini, Néstor en su texto Consumidores y ciudadanos y la globalización imaginada,

o       Julio Cortázar Rayuela …

o       Paz Soldán en su texto El delirio de Turing.Alfguara. año 2003(no lo se).Página 58.

 

o       Reguillo, Rossana. “Horizontes fragmentados: una cartografía de los miedos contemporáneos y sus pasiones derivadas”.

 

    • Rotker, Susana .Ciudadanías del miedo. Nueva Sociedad, Caracas, 2000, p.13.

 

·        Tsion Avital  HUELLAS MENTALES:¿LAS SOMBRAS ESTRUCTURALES DE LA REALIDAD MENTAL?

Instituto Tecnológico de Holón

Departamento de Arte y Diseño, Campus de Holón

P.O.B 305, Holón 58102, ISRAELTraducido por Sandra Luz Patarroyo R.Profesora de Historia de arte y Estética

 

 

Ciberiada, Alianza, Libro de Bolsillo nº 133

 

Articulos de Internet

 

 

 

 

 

 

 



[1] Franco, Jean. “Narrativa de la Globalización”. Quimera: Revista de literatura, ISSN 0211-3325, Nº 300, 2008, Págs. 18-22.

 

[2] Calderón, J. “Identidades culturales y globalización”. En Revista Umbral. Número 8 Abril 1998.

[3] Van Dijk…

 

 

[4] Eltit, Diamela. Mano de Obra. Seix Barral biblioteca breve, 2002. Pág. 13.

 

 

[5] Eltit, Diamela. Mano de Obra. Seix Barral biblioteca breve, 2002. Pág. 109.

[6] Reguillo, Rossana. Horizontes fragmentados: una cartografía de los miedos contemporáneos y sus pasiones derivadas”.Página 7.

 

 

[7] Aristóteles, De Ánima 432ª

 

 

[8] Eltit, Diamela. Mano de Obra. Seix Barral biblioteca breve, 2002. Pág. 176.

 

[9] Eltit, Diamela. Mano de Obra. Seix Barral biblioteca breve, 2002. Pág. 80.

[10] La clonación: el supermercado de los seres humanos (Jeremy Rifkin) viernes, 16 de abril de 2004.articulo de Internet: http://www.bioeticaweb.com/content/view/372/904/

 

 

 

[11] Foucault, 'Historia de la sexualidad'.siglo XXI editores argentinas, S.A.1984.Página 172.

[12] Eltit, Diamela. Mano de Obra. Seix Barral biblioteca breve, 2002. Pág. 19.

 

 

 

[13] Eltit, Diamela. Mano de Obra. Seix Barral biblioteca breve, 2002. Pág. 16.

 

 

 


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Autor: 1cSTx3BvV | Fecha: 14/10/2015 10:39:01

Felicitaciones
Excelente visión crítica. Un aporte claro y exposición precisa. Estaremos atentos a sus publicaciones.
Autor: Vladimir Molina | Fecha: 23/06/2011 5:12:42

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