SU BESO (Escrito por POLgarci)
SU BESO Como un fricción el beso tuyo, apenas nada y todo un mundo de finas caricias sublimes, fugaces y en perpetua llama. Con tu...
Contacto | Agréganos a tus favoritos | Haznos tu página de inicio
Nombre:

Contraseña:


Regístrate
Recordar contraseña
- Inicio
- Foros de discusión
- Publica tu obra
- Leer obras
- Autores
- Definiciones
- Didáctica
- Narrativa
- Poesía
- Teatro
- Total obras: 1921
- En el foro: 2592
- Usuarios Online: 55
Encuestas Gratis
- Poesías
- Cuentos

El examen III

Autor: hmontesc
Estadísticas Resumen
Fecha de publicación: 26/11/2011
Leído: 1618 veces
Comentarios (0)
Valoracion de la obra: 8

No hay resumen

- ¿Qué?... ¿juntas?.., ¿estás loco? - dijo Daniel, con un grito histérico.

- Es lo mismo que le dije- agrego Leticia con una aire despectivo.

- Hay Daniel ayúdame- dije presionando.

- Pues... he...., no lo sé...- decía mientras movía la cabeza de lado a lado.

Incluso yo sabía que era mala idea, pero si no lograba reconciliarlas sería muy difícil que Diana llegara a ser mi novia, Daniel en realidad no quería ni meter las manos, sabía que era meter un serillo a la gasolinera, así que prefirió mover la cabeza sin decir nada, por suerte para el en ese momento la figura de Diana a espaldas de Leticia nos sorprendió.

- La mesa está llena será mejor que no vallamos a otra.-Leticia me miro retándome y para que hablara

- No en realidad solo está de sobra Daniel Leticia se ofreció para ayudarme también.

- Ha..., ¿ella quiere ayudarte?..., bueno supongo que no te hago falta ya- dijo despectiva y arrogante, mientras se volteaba y se dirigía a la puerta, sin darme apenas tiempo de reaccionar salía con paso apresurado, a pesar de mi reacción, que yo diaria rápida, no la pude detener, ella notoriamente moleste me vio acercarme y minimizó su marcha para permitirme alcanzarla, al hacerlo ella se detuvo con la cara enrarecida por la furia.

- Regresa con novia..., ¿para qué me quieres?

- No es..,- baje la cabeza y cerrando los ojos buscando una respuesta.- preséntame a tus amigos..,- volteo intrigada mirándome con extrañeza - a Gloria…,- dije retándola y ella dibujo una leve sonrisa de tristeza- ¿Arturo?.. quizá

- ¡ya entendí el punto!…-grito desesperada con algo de frustración- pero ella es una tarada… además es lo mismo yo no sincronizo con tus amigos.

- ¿Cómo lo sabes?...-mientras la miraba fijamente y una vez mas retándola, ella frustrada se debatía, luchando contra sí misma- solo inténtalo… por favor…- miro la mesa donde esperaban Daniel y Leticia, y negó con la cabeza mientras suspiraba.

- Me voy a arrepentir.

Camino a la mesa bajo sus cosas, mientras las Daniel y Leticia recogían sus cuadernos, Diana entablo una pseudo plática con Leticia, para ver si podían organizarse, desde el principio yo avía permitido que Diana organizara el trabajo para que se sintiera cómoda, desde que empezamos ella dividió el trabajo, en investigación teórica y cálculos, la parte mentalmente mas sencilla que no requeriría de cálculos complejos era la de investigación, Diana que tenia a Leticia como una especie de retrasada y para mantenerla alejada de nosotros, esos si con mucha cortesía, le pidió que hiciera la parte de investigación, que por sencilla que fuera era muy amplia, Diana que reclamo instintivamente estar mas cerca de mí se sentó entre Leticia y yo, mientras Daniel se arrincono en una esquina mientras se organizaba el trabajo, l mirando como una niño admirado, disfrutaba de cada gesto, y las sutiles agresiones departidas por igual entre Diana y Leticia, sin embargo en un esfuerzo supremo ambas se quitaron del camino de la otra, y durante mas de 2 larguísimas horas solo espere un detonante que las hiciera explotar, pero por increíble que parezca, eso no sucedió, al terminar la jornada Diana que siempre era la primera en irse se levantó, y me pidió que revisara y pasara en limpio los últimos cálculos, por un momento pesamos que eso sería todo que se despediría como acostumbra solo de mí, pero en un acto insólito antes de irse me miro con mucha seriedad, por su cara supuse que nos diría algo, pero entrecerró la vista y de reojo dijo apenas audible.

- Nos vemos mañana Leti,- y ya viéndome a los ojos con aire de solemnidad agrego –hasta mañana Cesar

Leticia se para ganándome el paso interponiéndose al de Diana, con casi la misma estatura se miraron frente a frente, por un instante no supe que hacer o pensar, pero Diana había sacado una bandera blanca, y no estaba dispuesta a pelear, por fin tras un segundo de expectación Leticia sonrió.

- Hasta mañana Diana.

Daniel y yo volvimos a respirar, Mientras Leticia tomaba sus cosas y las guardaba en silencio y con prisa.

- ¿Porque te vas?, inquirió Daniel.

- Parece que ninguno tiene suficiente con la Vero- decía a punto de las lágrimas, mientras a tras pies limpiaba su lugar- lo hombres son unos idiotas dominados tan solo por sus hormonas.

- Leticia…

- No sabes cómo la odio…

- Leticia…

- Crees que no me di cuenta, me dio un trabajo para idiotas.

- Leticia

- ¿!Que quieres!?, maldita sea ¡¿Qué quieres!?...

- Gracias- bajo la vista y respiraba hondo y pausado.

- Me debes una.

Mientras ella se ponía el suéter Daniel me miraba con algo de lastima, mientras sonreía malévolamente, cuando ella se fue me di cuenta que ese era tan solo el primer día y tarde o temprano una de ellas podía explotar, pero mi esperanza era que sucediera lo contrario, que ellas se dieran cuenta que la otra podría ser su amiga, sin llegar al extremo de ser su intima, pero al menos distinguir sé cómo amigas, este pensamiento me consumía, pero Daniel que hasta ese momento fue un observador hablo.

- Etas loco hermano- dijo con desanimo

- Vamos si se soportaron un día se soportaran por un par de semanas

- Pero como se te ocurre tener a tu novia y a tu amante juntas.

- Tú sabes bien que…

- No tienes novia…

Sonreí mientras el seguía interrogando y tratando de desilusionarme, a ratos me parecía tan lucido y cierto que casi me convencía, pero luego recordaba que era Daniel, y como siempre borraba el casete y lo ignoraba, mientras hablamos y a pesar de ser las chicas el tema del momento, yo metía ligeros empellones tratando de encontrar al menos imaginariamente al supuesto gran amor de Daniel.

- Al menos a me gustan solteras y jóvenes- replique rogando deslizara algún dato de su “novia”.

- Pues yo estoy seguro que ella también te gustaría a ti- dijo mientras hacía ademanes obscenos exagerando sus atributos sexuales.

- Ya me imagino, tú eres incapaz de gozar una relación que no sea sexual- sonrió maléficamente mientras movía negativamente la cabeza

- ¡Ya está!, o gran sacerdote Cesar, prometo gozarla también cuando hablemos- arremetió con aire irónico, y súbitamente mientras me veía pregunto para tratar de desviar la conversación

- ¿Qué paso ayer?, ¿Por qué juntas?- replico, presionando a una respuesta.

- Le fui a sacar de la fiesta de Tito, completamente borracha, ya tenía meses que ni beb

- ¡¿Estuviste en la fiesta de Tito?!- interrumpió bruscamente sobresaltado -¿Qué hacías ahí?

- Si unos minutos,- afirme con algo de preocupación- como si nunca hubieras ido a la casa Tito

- ¿no lo sabes?- moví la cabeza invitándolo a que lo dijera –hubo una redada algunos todavía están en la delegación, encontraron algo de droga, y al menos 5 regresaron del viaje en la reja- no podía creerlo, me limite a recordar a Leticia completamente perdida, y realmente me perturbaba la idea de que en ese estado ella pudiera terminar aún peor –Y, ¿Qué hacías ahí?

- Ya te lo dije fui a sacar a Leticia estaba muy borracha, hace meses que no bebía y menos así.

- Ya y san Cesar la fue a rescatar- dijo con lastima, cosa que casi me ofende –y claro en ese estado la podías convencer de lo que fuera.

- ¡no!, primero le baje la borrachera, la lleve a un hotel y …

- Wow al fin estas aprendiendo, así borracha he indefensa la llevaste directo al paraíso- alardeaba mientras juntaba sus manos y levantando la vista como orando al cielo.

- No…- grite –eres un cerdo, no hicimos nada solo la bañe con agua fría.-mientras el movía la cabeza como lamentado mis palabras.

- Esperaste a que estuviera sobria para…- decía con una mirada depravada, y pícara.

- No… salimos del hotel y nos fuimos a un restaurant.

En tanto el movía la cabeza como lamentando los hechos, le conté de nuestra platica, ahorrándome en todo momento los detales íntimos, aunque el en verdad era mi amigo esas cosas las consideraba privadas, y supongo que Leticia también, el con su natural aire desenfadado continuo oyendo y criticando, pues el parecer para el todo era sexo, aunque debo de decir que ya varias veces el mismo nos había sacado del paso tanto a Leticia como a mí, y claro sobre todo Leticia habría sacado a Daniel de sus mal logradas correrías, entre recordando “mejores tiempos”, y jugando, Daniel estuvo de acuerdo en mi apreciación, básicamente Leticia, que un intento por enderezar algo su vida trataba de tener un solo novio y muy a diferencia de sus pasadas libertades “amarlo y respetarlo”, cuando eso no fue posible encontró que sus amigos mas cercanos estaban “ocupados” y no tuvieron tiempo de atenderla, quisiera decir que fue una plática extensa y revitalizadora, pero tan solo fueron unos minutos los que disfrute de plena atención por parte de Daniel.

- ¿Ya viste esa súper vieja?- me dijo de impulsivamente mientras su mirada se perdía por detrás de mí, obligándome a voltear.

- A de ser de primero no la había visto antes- sin perder de vista su nalgas y cintura ambos descuidamos la postura y nuestra mirada descarada la inhibió y discretamente se sentó para quitárselas  de encima.

- ¡Vamos al Pepers!,- sugirió Daniel, este no era mas que una cafetería, de buen gusto, en realidad pequeña y discreta, pero con la particularidad de estar frente a una agencia de publicidad, de donde constantemente sin importar la hora del día entraban y salían modelos ya hombres como mujeres, que “trabajaban” en la agencia, la posición del café frente a esta agencia permitía ver la entrada y salida del “personal”, nosotros como era natural solo nos fijábamos en las mujeres, y mientras teníamos una plática casual tomando café impunemente podíamos ver he incluso calificar a las bellezas que entraban y salían, dando calificaciones de acuerdo al gusto particular, algunas veces ellas se daban cuenta de las miradas libidinosas, pero no solo no podían hacer nada pepers era famosa por su característica y desde luego la mayor parte de su clientela era masculina.

-Vamos hombre que podrá tener la "casada" que no tenga cualquiera de estos bombones.- le dije mientras lo miraba de reojo poniendo mas atención a la chica que entraba en ese momento

-Pues unas...- dijo mientras alzaba las manos tratando de  dibujando mímicamente las nalgas de su "novia".

-¿Mejores que esas?- pregunté mientras de reojo señalaba una chica que salió de la agencia.

Mientras la veía sonrió con algo de nostalgia, supuse que al fin había logrado penetrar en él, su mirada que se perdió en la nada, lentamente se tornó un poco triste y tras un par de minutos sin decir palabra me di cuenta que no respondería, cambio de tema mientras observaba detenidamente un trio de chicas que llegaban, aquí fue donde me di cuenta que esa relación era para él muy importante y que además de lo evidente, o sea el sexo, él experimentaba sentimientos profundos, estas sensaciones que para él eran nuevas conflictuaban su mundo bizarro con la realidad de estar enamorado, sentimientos que estoy seguro no había experimentado antes.

-¿Cuántas veces te as acostado con Leticia?- disparó la pregunta a quemarropa, sin mayor aviso.

-Nunca...,- sonrió con desprecio, mientras tomaba un sorbo de su taza de café.

-Mentira...- lo miré inquieto tratando de entender lo que quería- yo se lo pedí, ¿sabes?...- en verdad que me sorprendió saberlo, anonadado me bloquee, no sabia que decir- pero me dijo que en su lista tu estabas primero... esta re buena... y pensaba respetarla como novia.

En este punto, tomó el último sorbo de café y se levantó, caminó sin pensar y salió del café, yo me quede sentado pues los cafés no estaban pagados, atraves de los cristales lo vi salir y acercarse a unas modelos que platicaban en la puerta, les dijo algo y ellas miraron al interior, mientras se reían y negaban con la cabeza, finalmente se metieron mientras el insistía gritándoles en tono de súplica, cuando comprendió que ellas no regresarían se metió, se paró junto la mesa donde estábamos y pregunto con aire desenfadado.

-¿Pediste la cuenta?

Solicité al mesero y con un gesto comprendió que requerimos la cuenta, el se limito a pagarla en un hermetismo que me preocupó, furtivamente una leve sonrisa se le dibujó para mi el significado estaba claro algo se le había ocurrido, y como siempre no me lo decía porque normalmente lo desaprobaba, y de todas formas lo seguía cuando me arrastraba a sus locuras, pagó la cuenta y salió dándome tiempo a que lo alcanzara, a pesar de mi constantes preguntas que de todas formas no contestaría, me subí al coche, apenas unos minutos de un molesto silencio y arribábamos al centro comercial, caminamos entre la gente por algunos minutos mientras nos mesclábamos, caminábamos entre los locales y veíamos los aparadores sin buscar nada en particular, él finalmente se detuvo en un aparador que exhibía venta lúdica, una ves mas esa sonrisa ligero y simbólica y fue cuando me di cuenta, reflejada en la vitrina, un par de chicas platicaban recargadas en un barandal, ambas bellas, rápidamente el se movió asía ellas pero en el momento justo en que ellas tomaban una decisión y caminaban, él movió la cabeza en señal de desesperación y caminó apresuradamente tratando de alcanzarlas, aunque no deducía del todo sus intenciones, sabia parcialmente que quería hacer, ellas caminaban rápido y nosotros de tras, mientras nos aproximábamos me sentía cada vez mas aprensivo, y sospeché que aquello era mala idea, caminando con pazos acelerados cuando nos encontrábamos a un par de pasos de ellas le toqué el hombro, el dirigió su mirada a la mía, mientras yo negaba con la cabeza, en ese momento francamente asustado, no me di cuenta que ellas se detuvieron, pero nosotros no, y estando tan cerca  que fue inevitable, y nos estrellamos con ellas, en una reacción en verdad rápida, Daniel alcanzó a meter la mano entre las piernas de una de ellas, por la posición y por la velocidad de los sucesos pensó que yo era el pervertido, y realmente furiosa me empujó entre gritos e insultos, yo no atinaba a responderle pues bien me di cuenta que ella no atendería ninguna razón, yo empeoraba la situación pues no podía dejar de sonreír, toda la situación me parecía además de conocida ridícula, en tanto Daniel me veía al igual que yo divertido, sin embargo ellas cada vez mas ofendidas por la situación gritaban con gran espaviento mientras nos aventaban, finalmente llegaron los guardas de seguridad, y en medio de gritos y jalones nos llevaron alas oficinas administrativas, donde los guardas trataban de calmar a las chicas, y Daniel no terminaba de reír, yo miraba con asombro los improperios de las dos mujeres, después de algunos minutos la mas ofendida logro controlarse, y pudo mantener una conversación coherente con el jefe de los guardas, eso abrió la posibilidad de escuchar nuestro testimonio, pero cuando eso hiba a suceder sorpresivamente uno de los guardas anuncio que tenia ya los videos de vigilancia, miré ansioso a Daniel pues supuse que en el video se vería como Daniel y sus manos que eran indudablemente culpables, nos pondrían a disposición de autoridades legales, me sentí un poco culpable pero la vedad me alegro, Daniel sobreponiéndose retomó y con su habitual desenfado al igual que yo entro en la sala de monitores, las dos mujeres al verse rodeado de hombres se hicieron a un lado ocultando sus traseros, incluso cruzando sus brazos para taparse los senos, pero el monitor en tonos de gris nos expuso a los cuatro participes en una imagen lejana revuelta entre otros muchos transeúntes, la posición oblicua y borrosa solo permitió ver un "accidente", dejando solo una opción posible para nuestros celadores,  en cuanto anunciaron nuestra inminente libertad, la victima de Daniel chirrió mientras se lanzaba a manotazos hacia a mí, no alcanzó a tocarme pero inicio un nuevo escándalo que yo solo observe, una vez mas poco a poco los ánimos se calmaron, a sí mientras las chicas discutían en un lenguaje soez, nosotros, en tanto, éramos despedidos, bajo la mirada perspicaz de un guarda, al vernos tomar rumbo a la salida la “ofendida” aventó desesperadamente al guarda en jefe y casi en la puerta nos alcanzó, me tomó del brazo apretándome con fuerza, visiblemente agitada y a punto de las lágrimas con la mirada perdida y el pelo revuelto, no comprendí que quería pero no hubo tiempo, Daniel le tomo del hombro y se interpuso entre nuestras miradas.

-Fui yo...

Supongo que ella pudo leer en sus ojos que Daniel decía la verdad, llena de ira lo miró, se acercó a él de frente siendo ella mas pequeña con la cabeza  hacia arriba se acomodó hasta tenerle casi nariz a nariz, yo me di cuenta lo que quería hacer, su amiga, el guarda en jefe he incluso Daniel, pero no hicimos nada por detenerla, con la rodilla descargo un golpe en sus testículos de tal fuerza que hasta su amiga lo lamentó, los guardas empezaron a reír discretamente, y mientras yo me acercaba para darle consuelo a Daniel, la "ofendida" tomo a su amiga de la mano y salieron corriendo, el guarda en jefe se acercó y nos dijo en tono sarcástico.

-¿Quieren levantar cargos?

Con cinismo Daniel levanto una mano negando mientras se dolía inclinado, yo a pesar de divertirme guardaba la compostura, y lo conduje lentamente a una silla, él con esa insana sonrisa impúdica y perene me tomó del hombro y me dijo viéndome a los ojos.

-Así me gustan.

Momentos después, luego de despedirnos de los guardas, y agradecer profusamente al guarda en jefe, Daniel decidió que tenía “sed” y nos metimos a uno de los restaurant de aquel centro comercial, mientras platicábamos descuidadamente sobre la pequeña aventura la mesera se acercó, el deslizo descaradamente una mirada furtiva a sus pechos mientras desenfadado me pedía un café y solicitaba para si una cerveza, ella a pesar de sonrojarse no hizo nada por cubrirse y guardó tanto como pudo la compostura, yo solo bajé la cabeza desaprobando al tiempo que veía el reloj.

-Ya ¿quién te espera?

Levante los hombros sin contestar dando a entender que ese día no tenía compromiso, me dirigió una mirada fría y directa.

-La verdad ¿si sales con Leticia? -Negué como muchas veces y levante la cabeza con orgullo, y cuando estuve a punto de contestar –antes de conocerte- interrumpió –ella y yo ya nos conocíamos éramos “amigos”, la verdad no se me ocurrió en aquel entonces, pero hubiera sido bueno echarle unos arrimones…- detecté un poco de amargura en esa pausa, -desde entonces esas nalgas me inspiraban fantasías, esas y otras 10, además ella no es como hoy… una puta,- ambos sonreíamos con vulgaridad, en medio de ademanes obscenos –pero un día la encontré sola en un salón…- se interrumpió mientras negaba con la cabeza, dando vuelta con la mano a su cerveza haciéndola bailar en el mismo lugar- nunca me dijo que pasó… solo sé que se abrazó a mí y lloro como nunca había visto llorar a nadie… era… muy… -por un largo rato pensé que se callaría, y terminaría la historia, se mantuvo frio y apacible, contemplando las gotas de roció escurrir por su botella –a partir de  ese día, ella cambio, se volvió, diferente, ahí apareciste tú, recto, y todo un santo, pero igual que todos yo quería una probadita de Leticia, y tantas veces como se lo pedí dijo que si tuviera que escoger, se quedaría contigo… –lo vi con indiferencia mientras una mueca a manera de sonrisa se dibujaba.

-… ¿Por qué?- pregunté desenfadado – ¿Por qué yo?

-Le he preguntado tantas veces… siempre pensé que… que eran las viejas… o el alcohol… pero ella contesta siempre lo mismo, “si me caigo ¿quién me va a recoger?”

En ese momento se oyó tras de mi un crujir estrepitoso, junto con el grito de una mujer, algunos platos y vasos se cayeron, sacándonos del tema, y cambiando la concentración de Daniel a las bien formadas nalgas de la mesera, que al agacharse a recoger las resaltaba, al fondo se veían las ventanas y fuera el sol pardeaba enrojeciendo con los últimos rayos a los transeúntes, él un poco perturbado vio su reloj, y se apresuró a pedir la cuenta, en su prisa no se percató que dejo el cambio, pero como siempre no era algo que le preocupaba.

-Quédatelo tú- volteó sacudiendo la mano despectivo, mientras se levantaba.

-¿Qué pasó?- dije extrañado y expectante.

-Tengo una cita- respondió con su habitual humor, al tiempo que le tomaba del brazo para detenerle.

-¿Quién es?- presione con la mirada sin soltar el brazo.

-¿Si te lo digo no me perdonarías?






Inserta tu mensaje
Nombre:  
Título:  
Mensaje:
 
Icono de mensaje:











Portal Web enfocado a autores amateurs y amantes de la literatura, que desean leer o publicar sus poesías, obras de teatro, novelas, relatos, cuentos...